Crónicas del Absurdistán

Territorio inmenso, porque, como dijo un sabio antiguo, no hay absurdo que no haya sido propugnado por algún filósofo (y abrazado con entusiasmo por algún político).

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La experiencia de los pioneros24 de mayo de 2012

Los Estados Unidos tienen ya una larga experiencia en la aplicación de la custodia compartida, por lo que es posible evaluar sus consecuencias sociales a largo plazo. Eso es lo que ha hecho el Dr. Martin Halla, profesor de economía en la universidad Johannes Kepler, de Linz (Austria), en un concienzudo trabajo llevado a cabo durante su estancia como profesor invitado en la Universidad de California, y cuyas conclusiones se resumen a continuación.


Halla, Martin (2011): The Effect of Joint Custody on Family Outcomes (Journal of the European Economic Association, en prensa)

Para realizar este trabajo, se utilizó información procedente de diversas bases de datos demográficos y sanitarios de los Estados Unidos (National Vital Statistics System (NVSS) - National Center for Health Statistics (NCHS); Reading Survey of Epidemiology and End Results - National Bureau of Economic Research), así como del censo decenal de ese país.

La primera ley de custodia compartida de los Estados Unidos se aprobó en Indiana en 1973. Desde entonces, la custodia compartida se ha extendido a casi todos los estados del país y, en la última fecha de referencia del estudio, la custodia compartida física (definida como un reparto del 30%, como mínimo, del tiempo de convivencia con cada progenitor) representaba el 25% de los 179.997 casos abarcados (de 1969 a 2003).

Entre los efectos sociales atribuibles al establecimiento de la custodia compartida, cabe mencionar los siguientes:

  • un incremento a largo plazo de las tasas de nupcialidad, perceptible a partir del quinto año tras la introducción de la reforma y que aumenta con el tiempo: el efecto de la reforma 17 años después de haberse adoptado la custodia compartida es del 9,2%; en cambio, no se observa un efecto claro de la custodia compartida en las tasas de divorcio;

  • un efecto positivo de la custodia compartida en la tasa de fecundidad marital (hijos concebidos dentro del matrimonio);

  • un efecto negativo en las tasas de aborto que aumenta en términos absolutos a lo largo del tiempo;

  • una reducción de las tasas de suicidio masculino en el 9%; y

  • una reducción de la violencia global de marido a mujer en el 2.7%.



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Custodia compartida en Suecia5 de abril de 2012

El pasado mes de marzo se publicó un estudio sobre las ventajas de la custodia compartida en Suecia. Según datos estadísticos oficiales de 2009, citados en el propio estudio, el 30 por ciento de los hijos de padres separados o divorciados de Suecia comparten su residencia con ambos progenitores. Dicen los autores:

“En las familias que se han dividido, el 30 por ciento, aproximadamente, de todos los adolescentes comparten su residencia con ambos progenitores. El incremento de la custodia compartida física ha sido impresionante en Suecia; hace 20 años, sólo un pequeño porcentaje de adolescentes vivía en régimen de custodia compartida física. Ese régimen de residencia se ha considerado beneficioso porque permite a los adolescentes el acceso regular a ambos padres, que siguen compartiendo las responsabilidades de la crianza de sus hijos”.

El estudio se basó en una muestra de 3699 adolescentes de 15 años de edad. De ellos, el 61% (n=2256) vivían en familias intactas y el 29% restante (n=1071) en familias separadas. En el estudio se examinaron tres conductas de riesgo (tabaquismo, consumo de alcohol y actividad sexual) y una variable de problemas de comportamiento. En general, los adolescentes menos expuestos eran los que vivían en familias intactas. Pero, en el caso de los hijos de padres separados, los adolescentes menos expuestos eran, para las cuatro variables examinadas, los que vivían en régimen de custodia compartida.

En concreto, la prevalencia del tabaquismo, la embriaguez, las relaciones sexuales precoces y los problemas de conducta, por ese orden, era de 13,5%, 34,5%, 25,5% y 16,2% en los adolescentes de familias intactas; de 19,8%, 46,2%, 30,0% y 17,4% en los adolescentes en régimen de custodia compartida; y de 24,2%, 51,3%, 40,9% y 22,9% en los adolescentes en régimen de custodia exclusiva o monoparental. Gráficamente, esos porcentajes podrían representarse así:

Custodia compartida en Suecia

Es decir, la custodia compartida constituye, en todos los casos, un factor de protección superior a la custodia exclusiva, que, a tenor de la experiencia sueca, es el régimen de convivencia menos favorable para los hijos.

Nuestros políticos, que no pierden ocasión de elogiar el modelo social sueco, deberían interesarse por este tipo de estudios. Por si acaso, les dejamos la referencia bibliográfica:   

Carlsund A, Eriksson U, Löfstedt P, Sellström E.: Risk behaviour in Swedish adolescents: is shared physical custody after divorce a risk or a protective factor? (European Journal of Public Health, marzo de 2012, doi: 10.1093/eurpub/cks011).


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