Crónicas del Absurdistán

Territorio inmenso, porque, como dijo un sabio antiguo, no hay absurdo que no haya sido propugnado por algún filósofo (y abrazado con entusiasmo por algún político).

>>>Rayas en el agua
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El mismo río con distinta agua9 de febrero de 2012

La ministra Ana Mato, a quien algunos empiezan a llamar “la nueva Aído”, ha anunciado medidas especiales para combatir el paro femenino (inferior al masculino), ha prometido eliminar una imaginaria “brecha salarial” entre hombres y mujeres (cuya existencia ha sido desmentida hasta por los sindicatos) y, por supuesto, ha demostrado que su nivel de ignorancia sobre el fenómeno de la violencia de pareja no desmerece del de sus antecesoras.

Todo esto lo ha expuesto ante la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, que, como su nombre indica, está integrada por 36 mujeres y 5 hombres.


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Doctoras generis causa30 de enero de 2012

Según un estudio de la Universidad de Amsterdan, del que se hace eco latercera.com, los hombres necesitan apenas un milisegundo para decidir si una mujer los atrae sexualmente. Pensaba yo que el proceso era incluso más rápido, pero no… Lo que prueba que no es bueno utilizar la experiencia personal para sacar conclusiones generales. En todo caso –dice el estudio–, esa decisión ultrarrápida no es fruto del capricho o la irreflexión, sino de profundos mandatos genéticos que asocian la belleza con la fertilidad y la mejora de la especie. Según los autores del estudio, los deseos de los hombres por las mujeres bellas son parte de la evolución: una pulsión ancestral y una manera de lograr la mejor pareja para la reproducción. Esa es la conclusión a la que han llegado en el Departamento de Psicología Cognitiva de la Universidad de Amsterdam.

Casi con toda seguridad, una teoría radicalmenta opuesta a la anterior se enseña simultáneamente en algún pabellón cercano de la misma Universidad, tal vez a los mismos alumnos. Me refiero a la madre de todas las teorías, a la sublime teoría de género y génera, según la cual las cosas ocurren exactamente al revés: nada de genética selectiva ni de especialización evolutiva para calibrar todos los rasgos y curvas de una mujer en un milisegundo. La teoría de género dice exactamente lo contrario: el interés de los hombres por las mujeres, y viceversa, es una mera construcción social, fruto de la educación en los valores del patriarcado. Para que se entienda mejor: la capacidad de los varones para decidir en un milisegundo si “una tía está buena” es fruto de un aprendizaje similar al de dar los buenos días o tender la mano para saludar. Sin ese aprendizaje, calcado del modelo social vigente, no habría una atracción sexual específica por el sexo opuesto. Este es el meollo de la teoría de género. Por supuesto, esa interpretación de la sexualidad no encaja con los designios reproductivos de la naturaleza, pero ya se sabe que cuando la naturaleza choca con la ideología, la naturaleza está equivocada.

Estas cosas pasan cuando la razón claudica ante el fanatismo. En tales casos, la Universidad se vuelve esquizofrénica y enseña simultáneamente una teoría y la contraria. Por un lado, la ciencia y el conocimiento; por otro, la ideología, el bulo y el run-rún. Por un lado, el magisterio de los doctores a secas; por otro, el de los doctores (mayormente doctoras) generis causa. Ambos desde tarimas de idéntica altura. Si yo fuera doctor a secas me sentiría estafado.


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Palos de ciego8 de enero de 2012

Empieza 2012… Como viene siendo habitual en estas fechas, la prensa hace el recuento de mujeres que han muerto a lo largo del año anterior a manos de sus parejas, víctimas de violencia "machista" o de "género", que son los dos vocablos de curso legal utilizados para distinguir a esas víctimas de las demás, es decir, del número nunca mencionado ni recordado de hombres y mujeres asesinados a lo largo del año en otras situaciones.

Ni siquiera es fácil averiguar cuántos homicidios se producen cada año en nuestro país. Unos 500, calculo, utilizando antiguos datos del Anuario Estadístico del Ministerio del Interior e informes de la Unión Europea. En tres de cada cuatro casos, las víctimas son varones, aunque ese detalle pase desapercibido para la prensa. Sólo las muertas de "género" acaparan los titulares, el resto son muertos de segunda. Políticos y periodistas deberían explicarnos por qué el hombre asesinado por tratar de impedir un robo, el hombre asesinado por encargo de su ex mujer o el joven muerto a tiros en una discoteca (son casos de 2011 que saco al azar de Google) merecen menos atención que las víctimas femeninas.

El fenómeno de la violencia de "género" está profundamente politizado. La sociedad lo ve como a través de una lupa: enorme en relación con el contexto, distorsionado. Si retirásemos esa lupa política, veríamos que el resto de asesinatos también forman parte de la "lacra". No es moralmente lícito establecer un "apartheid" de víctimas: por un lado, las de primera o de "género"; por otro, las demás.

Una vez asumido ese principio de "igualdad de las víctimas ante la ley" y despolitizado el fenómeno de la violencia doméstica, convendría examinar más de cerca las causas de esa violencia y la forma de impedirla. Ninguna institución parece haber mostrado hasta ahora el menor interés por estudiar ese terreno. Sin embargo, la inmensa mayoría de los llamados asesinatos de "género" se producen en contextos de separación o divorcio, especialmente cuando hay hijos de corta edad por medio y el proceso es más complicado y traumático. En esos casos, la legislación vigente es el mejor caldo de cultivo para la violencia y el conflicto.

Invito a nuestros legisladores a imaginar una situación opuesta a la actual. Una situación hipotética en la que los hombres recibiesen automáticamente la custodia de sus hijos y las mujeres fuesen expulsadas del hogar familiar por el procedimiento expeditivo de la denuncia falsa seguida de orden de alejamiento; o si la cosa discurriese por cauces más normales, una situación en la que ellas sólo pudiesen ver a sus hijos cuatro o cinco días al mes y se viesen obligadas a pagar al ex marido una parte sustancial de sus ingresos, así como la hipoteca de la antigua vivienda común. Una situación en la que, de la noche a la mañana, esas mujeres pasasen de ser madres a ser "visitantes" de sus hijos ("visitantas", en jerga feminista). Que sus señorías parlamentarias recreen mentalmente esa situación y digan si les parecería justa o injusta, y si les parecería o no una fuente potencial de conflictos. Que juzguen si habría o no mujeres dispuestas a tomarse la justicia por su mano.

Vale, pues si ya lo han pensado, que apliquen sus conclusiones a la situación actual y saquen la mecha del polvorín. Que dejen de apagar el fuego con gasolina. Que traten a hombres y mujeres por igual. Que establezcan un régimen de divorcio sin vencedores ni vencidos, un régimen que no premie las denuncias falsas ni se asiente en la presunción de culpabilidad prevista en la Ley Orgánica 1/2004 y otras disposiciones y jurisprudencias similares.

¡Ah!, y por supuesto, que sus señorías bajen del limbo: no existe nada que pueda llamarse "violencia de género". Las mujeres pegan tanto o más que los hombres. Lo que sobran son razones para quitarse la venda y ver la realidad tal como es. Lean un poco, señorías. Entérense de lo que se repite hasta el aburrimiento en el ámbito universitario. A menos que prefieran seguir dando palos de ciego durante otros treinta años.

parlamentarios ciegos

(Parábola de los diputados ciegos: obra alegórica para un posible concurso de ornamentación del Parlamento por iniciativa popular.)


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