Crónicas del Absurdistán

Territorio inmenso, porque, como dijo un sabio antiguo, no hay absurdo que no haya sido propugnado por algún filósofo (y abrazado con entusiasmo por algún político).

>>>Rayas en el agua
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Spanish revolution22 de mayo de 2011

En la concentración de Sol, por primera vez en casi medio siglo de tormentas y bonanzas políticas, desde el tardofranquismo hasta el tardozapaterismo, pasando por todos nuestros ismos y progresismos, pasando por encima de toda la historia reciente de la protesta callejera española (contra Reagan, contra la OTAN, contra el chapapote, por el "No a la guerra", contra el aceite de colza, contra el 23-F, con el ¡Basta ya!, con las Manos blancas…), por primera vez en medio siglo de omnipresencia mediática, de tiranía ideológica, de representatividad usurpada y de hacer la lluvia y el buen tiempo en la vida política y social, por primera vez, digo, el feminismo sacrosanto e intocable ha sido espontáneamente increpado, abucheado y expulsado por una multitud indignada: la pancarta con el lema “La revolución será feminista” ha sido ruidosamente rechazada, desgarrada y, finalmente, cual despojo de batalla perdida, retirada por sus propietarias.

¿Perroflautas afectados por picores primaverales? ¿Internautas aburridos y ociosos? ¿Estudiantes deshauciados que huyen de los exámenes finales? ¿Gente harta de una clase política de corcho que se las arregla para estar siempre a flote? ¿Antisistemas en busca de un resquicio para acomodarse en el sistema? ¿Anarquistas, rastafaris, botelloneros?

No lo sé. Pero un incidente así, inconcebible durante medio siglo de protestas civicas, es, por sí solo, toda una spanish revolution.


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Todos somos DSK19 de mayo de 2011

Del aluvión de escritos que se nos ha venido encima a cuenta del asunto DSK, me quedo con el análisis que hace Mercedes Milá bajo el título “Otro más y van…” Y me quedo con él porque es genuinamente representativo del método de análisis predominante en el Absurdistán.

“Algo les pasa a los hombres. Algo les ocurre para que se conviertan en bestias sin control y ataquen”, empieza la famosa periodista, convirtiéndonos a todos, así por las buenas, en licántropos hambrientos o algo parecido. La valoración no es irreflexiva ni casual. Por si quedaran dudas, la autora nos recuerda otra vez, al final de su artículo, nuestra condición depredadora: “Algo les pasa a los hombres y tenemos que defendernos”.

No tengo claro si, entre esos hombres de los que tiene que defenderse, Milá incluye al guapo periodista al que hace poco manoseó los genitales ante las cámaras. O si son los entrevistadores guapos los que tienen que ponerse a salvo de tales “tocamientos de sus partes íntimas sin su consentimiento” (curiosamente, uno de los cargos que se imputan a DSK). Lo que sí sé es que, perpetrados por un varón sobre una mujer, esos tocamientos cobrarían automáticamente tintes penales y bastarían para cortar en seco la carrera de cualquier famoso periodista.

Efectivamente, algo les pasa a los hombres. Por ejemplo, una cosa que les pasa a los hombres es que son mucho más rigurosos con las agresiones sexuales ejercidas sobre las mujeres que con las perpetradas sobre ellos mismos, como pone de manifiesto la pena de 74 años a la que se enfrenta DSK por un forcejeo con una camarera. Si hubiera roto cuatro o cinco huesos mayores a un camarero habría salido mucho mejor parado.

Si en el Absurdistán no existe ya la presunción legal de inocencia, el caso DSK no iba a ser excepción. Mercedes Milá, sin el menor asomo de duda, ha pronunciado ya su veredicto de culpabilidad y, de paso, lo ha hecho extensivo a todos los hombres, porque algo pasa con nosotros. Pues le diré otra cosa que nos pasa a los hombres: que hemos nacido en el lado de la raya donde no hay lugar para el victimismo, ni para los dobles baremos penales o las exculpaciones de género. El lado donde, el que la hace, aunque sea DSK, la paga.


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Salir corriendo13 de mayo de 2011

Esta es la noticia machista, exclusivista e insolidaria que, por suerte, nunca llegará a producirse:

Una marea azul formada por más de 20.000 hombres ha inundado este domingo las calles del centro de Madrid para mostrar su apoyo por la lucha contra el cáncer de próstata (y ya, de paso, contra el cáncer de testículos, la impotencia y la fimosis).

En cambio, la misma noticia, expresada en términos feministas (es decir, cambiando las tres palabras en negritas por otras tres que digan rosa, mujeres y mama), no sólo es parte de la rutina políticamente correcta, sino paradigma de solidaridad y buen rollo progre, como puede verse en este artículo sobre la octava Carrera de la Mujer.

Dicho de otro modo: las cosas malas que les ocurren a las mujeres tienen más valor político y mayor reconocimiento social que las cosas malas que les pasan a los hombres. Si organizas una carrera contra el cáncer de próstata, no acude nadie. Si la carrera es contra el cáncer en general, acuden algunos centenares de aficionados. Si la carrera es contra el cáncer de mama, acuden 20.000 portadoras de la maglia rosa. Sin embargo, el cáncer no es sexista.

Aunque parezca trivial, el ejemplo es ilustrativo del camino andado. Se empieza por pedir cuotas y organizar carreras feministas y se termina con un doble baremo penal para el mismo delito en función del sexo de su autor. Uy, perdón, en función del género. O sea, de esa construcción social que nos hace hombres y mujeres al margen de que tengamos o no mamas. Que eso sí que es para salir corriendo…


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Monomarental4 de mayo de 2011

El PSOE se propone introducir ayudas especiales para las familias "monomarentales". A los que sientan extraño este léxico, quiero aclararles que monomarental no tiene nada que ver con monos ni maremotos, sino que procede de la forma castiza mare (utilizada, por ejemplo, en expresiones como "viva la mare que ta parío" o "mecagüen tu mare"). Aunque sea con fórceps, de esa mare nace el neologismo marental, y lo de mono se coloca delante porque mare... ¡mare no hay más que una!

"¡Olé tu mare!", le gritó una espontánea a Zapatero el día de la mujer trabajadora, cuando éste dijo refiriéndose a las mujeres en general: "El futuro sólo es posible si vosotras sois las ganadoras". Lo que visto en contraperspectiva de género quiere decir: "El futuro sólo es posible si nosotros somos los perdedores". En eso andamos.

Zapatero sabe bien cómo ponerlas a cien, e incluso a 110, o sea, a tope. Anteayer, sin ir más lejos, se las metió otra vez en el bolsillo al afirmar: "Siempre que estamos en manos de una mujer, podemos estar seguros". Ya me parecía a mí que todos estos años de atrás me sentía algo inseguro, ahora entiendo la razón.

Así que estoy deseando que nos pongan una presidenta (monomarental, por supuesto) para sentirme otra vez seguro como en los brazos de mi mare. No me importa que sea una presidenta poco instruida y no sepa que el término "parental" sirve para referirse a cualquiera de los dos progenitores, padre o madre, ni que "materno/a" es el vocablo apropiado para designar lo relativo a la madre. Yo lo que quiero es una progre folclórica que sea capaz de hablar con desparpajo de su pare y su mare y tenga más ocurrencias que una ministra de cuota, porque así nunca me faltará materia prima para estas crónicas.


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El Estado cojuelo2 de mayo de 2011

De las tres patas del Estado, dos pasan la ITV cada cuatro años y, al menos teóricamente, rinden cuentas sobre el camino andado. En general, esas dos patas suelen correr de forma oportunista, dando tumbos y virajes para aprovechar las pendientes del camino, y tirándose coces entre ellas, pero avanzan con razonable diligencia. Porque, si tropiezan o cojean demasiado, al cabo de cuatro años llega la inspección técnica y las cambia por otras. Ese temor al desguace les da alas.

En cambio, la tercera pata, también llamada “órgano judicial”, camina a su ritmo, y como no está sujeta a ningún tipo de revisión periódica ni sustitución, siempre va a remolque de las otras, frenando la marcha y dando traspiés. Es una pata funcionaria, y eso se nota. A vista de pájaro, la tercera pata va dejando un rastro irregular, como de alguien que avanza a desgana. “Para qué correr –parece decir ese rastro-, si ya he llegado a mi destino”. Lo bueno de ese destino, sea de capital o de provincias, es que no pueden echarte de él ni con agua caliente.

Otro problema con esta tercera pata es que siempre lava y zurce las medias en casa y, por más que tropiece, resbale o salpique, sólo rinde cuentas de puertas adentro, de forma que todo en ella es impunidad y despreocupación.

Probablemente esta tercera pata andaría mejor si no fuera tan vitalicia, e incluso si tuviera cierta competencia de una cuarta pata u otro apéndice que le soltara algún puntapié correctivo de vez en cuando. Esto no sé cómo debería hacerse, pero estoy seguro de que si yo fuese Montesquieu y pudiese ver la marcha renqueante de mi invento dos siglos y medio más tarde, algo se me ocurriría.

 

estado cojuelo


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