Crónicas del Absurdistán

Territorio inmenso, porque, como dijo un sabio antiguo, no hay absurdo que no haya sido propugnado por algún filósofo (y abrazado con entusiasmo por algún político).

>>>Rayas en el agua
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Monomarental4 de mayo de 2011

El PSOE se propone introducir ayudas especiales para las familias "monomarentales". A los que sientan extraño este léxico, quiero aclararles que monomarental no tiene nada que ver con monos ni maremotos, sino que procede de la forma castiza mare (utilizada, por ejemplo, en expresiones como "viva la mare que ta parío" o "mecagüen tu mare"). Aunque sea con fórceps, de esa mare nace el neologismo marental, y lo de mono se coloca delante porque mare... ¡mare no hay más que una!

"¡Olé tu mare!", le gritó una espontánea a Zapatero el día de la mujer trabajadora, cuando éste dijo refiriéndose a las mujeres en general: "El futuro sólo es posible si vosotras sois las ganadoras". Lo que visto en contraperspectiva de género quiere decir: "El futuro sólo es posible si nosotros somos los perdedores". En eso andamos.

Zapatero sabe bien cómo ponerlas a cien, e incluso a 110, o sea, a tope. Anteayer, sin ir más lejos, se las metió otra vez en el bolsillo al afirmar: "Siempre que estamos en manos de una mujer, podemos estar seguros". Ya me parecía a mí que todos estos años de atrás me sentía algo inseguro, ahora entiendo la razón.

Así que estoy deseando que nos pongan una presidenta (monomarental, por supuesto) para sentirme otra vez seguro como en los brazos de mi mare. No me importa que sea una presidenta poco instruida y no sepa que el término "parental" sirve para referirse a cualquiera de los dos progenitores, padre o madre, ni que "materno/a" es el vocablo apropiado para designar lo relativo a la madre. Yo lo que quiero es una progre folclórica que sea capaz de hablar con desparpajo de su pare y su mare y tenga más ocurrencias que una ministra de cuota, porque así nunca me faltará materia prima para estas crónicas.


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El Estado cojuelo2 de mayo de 2011

De las tres patas del Estado, dos pasan la ITV cada cuatro años y, al menos teóricamente, rinden cuentas sobre el camino andado. En general, esas dos patas suelen correr de forma oportunista, dando tumbos y virajes para aprovechar las pendientes del camino, y tirándose coces entre ellas, pero avanzan con razonable diligencia. Porque, si tropiezan o cojean demasiado, al cabo de cuatro años llega la inspección técnica y las cambia por otras. Ese temor al desguace les da alas.

En cambio, la tercera pata, también llamada “órgano judicial”, camina a su ritmo, y como no está sujeta a ningún tipo de revisión periódica ni sustitución, siempre va a remolque de las otras, frenando la marcha y dando traspiés. Es una pata funcionaria, y eso se nota. A vista de pájaro, la tercera pata va dejando un rastro irregular, como de alguien que avanza a desgana. “Para qué correr –parece decir ese rastro-, si ya he llegado a mi destino”. Lo bueno de ese destino, sea de capital o de provincias, es que no pueden echarte de él ni con agua caliente.

Otro problema con esta tercera pata es que siempre lava y zurce las medias en casa y, por más que tropiece, resbale o salpique, sólo rinde cuentas de puertas adentro, de forma que todo en ella es impunidad y despreocupación.

Probablemente esta tercera pata andaría mejor si no fuera tan vitalicia, e incluso si tuviera cierta competencia de una cuarta pata u otro apéndice que le soltara algún puntapié correctivo de vez en cuando. Esto no sé cómo debería hacerse, pero estoy seguro de que si yo fuese Montesquieu y pudiese ver la marcha renqueante de mi invento dos siglos y medio más tarde, algo se me ocurriría.

 

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