Crónicas del Absurdistán

Territorio inmenso, porque, como dijo un sabio antiguo, no hay absurdo que no haya sido propugnado por algún filósofo (y abrazado con entusiasmo por algún político).

>>>Rayas en el agua
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Cambio de ritmo31 de mayo de 2011

La experiencia en este blog nos dice que la mejor receta para atraer visitas son los artículos cortos hilvanados al filo de noticias recientes, es decir, las “rayas en el agua” brillantes (cuando se puede) y fugaces (siempre).

En cambio, los trabajos de investigación reducen el ritmo de visitas, pero tienen un valor más permanente y dejan una sensación de haber aprovechado mejor el tiempo. Ahora ha llegado el momento de cambiar de ritmo y volver al tema básico de investigación de esta web: la violencia en la pareja. Es hora de seguir remontando el Himalaya invisible, posiblemente con otra presentación más apta para la divulgación en internet.

En noviembre de 2010, la subdirectora de Tratamiento y Gestión Penitenciaria del Ministerio del Interior informó de que la violencia de género era la tercera causa de ingreso en prisión de hombres en España, y añadió que, en los dos últimos años, el número de personas recluidas por violencia machista había aumentado en un 43 por ciento. El informe del CGPJ sobre los cinco primeros años de aplicación de la Ley Orgánica 1/2004 arroja una cifra total de 145.166 condenados en los órganos jurisdiccionales especializados en violencia sobre la mujer (pág. 33).

En España, el soporte “estadístico” para justificar las medidas y leyes sobre violencia de género ha sido la Macroencuesta sobre la violencia contra las mujeres, que, como su nombre indica, es un instrumento basado en el prejuicio ideológico de que sólo las mujeres sufren violencia de pareja. Todas las medidas legislativas y los informes relativos a su aplicación adolecen de ese vicio de origen: son fruto de un prejuicio sexista.

En cambio, cientos de estudios científicos basados en el comportamientos de ambos miembros de la pareja han demostrado inapelablemente que la violencia es ejercida en proporciones similares por hombres y mujeres, e iniciada en mayor medida por las segundas (lo que echa por tierra el mito de la violencia defensiva de la mujer).

Tras hacer esa comparación entre el hemipléjico y sesgado estudio oficial español y los cientos de estudios independientes realizados en más de 30 países, la conclusión inevitable es que, en su mayoría, esos miles de hombres condenados en España han sido víctimas de falsas denuncias o presunciones de culpabilidad. Si los niveles de perpetración son similares para ambos sexos, los efectos judiciales deberían serlo también.

Mientras nuestros políticos siguen legislando y gobernando con fidelidad inquebrantable a sus prejuicios ideológicos, la comunidad científica internacional ha levantado pacientemente, sobre la base de estudios objetivos realizados a lo largo de más de 35 años, el verdadero mapamundi de la violencia de pareja. Durante esos 35 años, los prejuicios y los intereses creados han sido más poderosos que la razón. Es hora de seguir trabajando para que la razón prevalezca.


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Aquellos polvos trajeron estos bobos28 de mayo de 2011

Parece cosa probada que el semen humano contiene estrona, hidrocortisona, prolactina, oxitocina, serotonina y hasta melatonina. ¿Algún problema?

Todos esos componentes son buenos para la salud y para estar contentos y felices. A la oxitocina le llaman la “molécula del amor”, la serotonina es el mejor antidepresivo y la melatonina ayuda a dormir bien. ¿Hay algo malo en ello?

Un equipo de investigadores de la Universidad de Albany (Nueva York) estudió los hábitos sexuales de una muestra de 300 mujeres y llegó a la conclusión de que los componentes del semen, absorbidos a través del tejido epitelial de la vagina, tienen efectos antidepresivos y de bienestar general en la mujer. ¿Algo que objetar?

El Dr. Lazar Greenfield, cirujano de prestigio internacional, describió en un breve artículo las conclusiones de ese estudio sobre las propiedades antidepresivas del semen, y terminó su exposición con esta frase: “Ahora sabemos que hay un regalo mejor que el chocolate para el día de San Valentín”. ¿Opinable? Sin duda. Algunas habrá que prefieran el chocolate. Y los chocolateros estarán que trinan. Pero al Dr. Greenfield le asisten el derecho a la libertad de expresión, sus conocimientos profesionales y su sentido del humor.

De poco le ha valido. Como suele ocurrir en el Absurdistán de género cuando alguien habla bien de los hombres o mal de las mujeres, el Dr. Greenfield se ha visto obligado a dimitir de sus cargos como presidente del Colegio Americano de Cirujía y redactor jefe de la revista Surgery News. Además, para cortar el mal de raíz, han retirado de la circulación el número de Surgery News en el que se publicó el cuerpo del delito (no ha trascendido si ha habido alguna quema simbólica o auto de fe expiatorio).

¡Esencia de macho beneficiosa para la mujer, qué blasfemia! Si, haciéndose eco de las formulaciones alumbradas por preclaras filósofas feministas, el Dr. Greenfield hubiera dicho que todos los hombres son violadores, que la proporción de hombres debe reducirse hasta representar únicamente el 10% de la especie humana, o que todos los varones deben ser esterilizados obligatoriamente al llegar a la adolescencia, su reputación seguiría intacta, y hasta podría aspirar a funciones de asesoramiento al más alto nivel oficial, como alguna de tales filósofas.

En fin, siendo médico observador y experimentado, el Dr. Greenfield estará seguramente de acuerdo con esta conclusión de Voltaire: “La idiotez es una enfermedad extraordinaria: no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás.”


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Spanish revolution22 de mayo de 2011

En la concentración de Sol, por primera vez en casi medio siglo de tormentas y bonanzas políticas, desde el tardofranquismo hasta el tardozapaterismo, pasando por todos nuestros ismos y progresismos, pasando por encima de toda la historia reciente de la protesta callejera española (contra Reagan, contra la OTAN, contra el chapapote, por el "No a la guerra", contra el aceite de colza, contra el 23-F, con el ¡Basta ya!, con las Manos blancas…), por primera vez en medio siglo de omnipresencia mediática, de tiranía ideológica, de representatividad usurpada y de hacer la lluvia y el buen tiempo en la vida política y social, por primera vez, digo, el feminismo sacrosanto e intocable ha sido espontáneamente increpado, abucheado y expulsado por una multitud indignada: la pancarta con el lema “La revolución será feminista” ha sido ruidosamente rechazada, desgarrada y, finalmente, cual despojo de batalla perdida, retirada por sus propietarias.

¿Perroflautas afectados por picores primaverales? ¿Internautas aburridos y ociosos? ¿Estudiantes deshauciados que huyen de los exámenes finales? ¿Gente harta de una clase política de corcho que se las arregla para estar siempre a flote? ¿Antisistemas en busca de un resquicio para acomodarse en el sistema? ¿Anarquistas, rastafaris, botelloneros?

No lo sé. Pero un incidente así, inconcebible durante medio siglo de protestas civicas, es, por sí solo, toda una spanish revolution.


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Todos somos DSK19 de mayo de 2011

Del aluvión de escritos que se nos ha venido encima a cuenta del asunto DSK, me quedo con el análisis que hace Mercedes Milá bajo el título “Otro más y van…” Y me quedo con él porque es genuinamente representativo del método de análisis predominante en el Absurdistán.

“Algo les pasa a los hombres. Algo les ocurre para que se conviertan en bestias sin control y ataquen”, empieza la famosa periodista, convirtiéndonos a todos, así por las buenas, en licántropos hambrientos o algo parecido. La valoración no es irreflexiva ni casual. Por si quedaran dudas, la autora nos recuerda otra vez, al final de su artículo, nuestra condición depredadora: “Algo les pasa a los hombres y tenemos que defendernos”.

No tengo claro si, entre esos hombres de los que tiene que defenderse, Milá incluye al guapo periodista al que hace poco manoseó los genitales ante las cámaras. O si son los entrevistadores guapos los que tienen que ponerse a salvo de tales “tocamientos de sus partes íntimas sin su consentimiento” (curiosamente, uno de los cargos que se imputan a DSK). Lo que sí sé es que, perpetrados por un varón sobre una mujer, esos tocamientos cobrarían automáticamente tintes penales y bastarían para cortar en seco la carrera de cualquier famoso periodista.

Efectivamente, algo les pasa a los hombres. Por ejemplo, una cosa que les pasa a los hombres es que son mucho más rigurosos con las agresiones sexuales ejercidas sobre las mujeres que con las perpetradas sobre ellos mismos, como pone de manifiesto la pena de 74 años a la que se enfrenta DSK por un forcejeo con una camarera. Si hubiera roto cuatro o cinco huesos mayores a un camarero habría salido mucho mejor parado.

Si en el Absurdistán no existe ya la presunción legal de inocencia, el caso DSK no iba a ser excepción. Mercedes Milá, sin el menor asomo de duda, ha pronunciado ya su veredicto de culpabilidad y, de paso, lo ha hecho extensivo a todos los hombres, porque algo pasa con nosotros. Pues le diré otra cosa que nos pasa a los hombres: que hemos nacido en el lado de la raya donde no hay lugar para el victimismo, ni para los dobles baremos penales o las exculpaciones de género. El lado donde, el que la hace, aunque sea DSK, la paga.


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Salir corriendo13 de mayo de 2011

Esta es la noticia machista, exclusivista e insolidaria que, por suerte, nunca llegará a producirse:

Una marea azul formada por más de 20.000 hombres ha inundado este domingo las calles del centro de Madrid para mostrar su apoyo por la lucha contra el cáncer de próstata (y ya, de paso, contra el cáncer de testículos, la impotencia y la fimosis).

En cambio, la misma noticia, expresada en términos feministas (es decir, cambiando las tres palabras en negritas por otras tres que digan rosa, mujeres y mama), no sólo es parte de la rutina políticamente correcta, sino paradigma de solidaridad y buen rollo progre, como puede verse en este artículo sobre la octava Carrera de la Mujer.

Dicho de otro modo: las cosas malas que les ocurren a las mujeres tienen más valor político y mayor reconocimiento social que las cosas malas que les pasan a los hombres. Si organizas una carrera contra el cáncer de próstata, no acude nadie. Si la carrera es contra el cáncer en general, acuden algunos centenares de aficionados. Si la carrera es contra el cáncer de mama, acuden 20.000 portadoras de la maglia rosa. Sin embargo, el cáncer no es sexista.

Aunque parezca trivial, el ejemplo es ilustrativo del camino andado. Se empieza por pedir cuotas y organizar carreras feministas y se termina con un doble baremo penal para el mismo delito en función del sexo de su autor. Uy, perdón, en función del género. O sea, de esa construcción social que nos hace hombres y mujeres al margen de que tengamos o no mamas. Que eso sí que es para salir corriendo…


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Monomarental4 de mayo de 2011

El PSOE se propone introducir ayudas especiales para las familias "monomarentales". A los que sientan extraño este léxico, quiero aclararles que monomarental no tiene nada que ver con monos ni maremotos, sino que procede de la forma castiza mare (utilizada, por ejemplo, en expresiones como "viva la mare que ta parío" o "mecagüen tu mare"). Aunque sea con fórceps, de esa mare nace el neologismo marental, y lo de mono se coloca delante porque mare... ¡mare no hay más que una!

"¡Olé tu mare!", le gritó una espontánea a Zapatero el día de la mujer trabajadora, cuando éste dijo refiriéndose a las mujeres en general: "El futuro sólo es posible si vosotras sois las ganadoras". Lo que visto en contraperspectiva de género quiere decir: "El futuro sólo es posible si nosotros somos los perdedores". En eso andamos.

Zapatero sabe bien cómo ponerlas a cien, e incluso a 110, o sea, a tope. Anteayer, sin ir más lejos, se las metió otra vez en el bolsillo al afirmar: "Siempre que estamos en manos de una mujer, podemos estar seguros". Ya me parecía a mí que todos estos años de atrás me sentía algo inseguro, ahora entiendo la razón.

Así que estoy deseando que nos pongan una presidenta (monomarental, por supuesto) para sentirme otra vez seguro como en los brazos de mi mare. No me importa que sea una presidenta poco instruida y no sepa que el término "parental" sirve para referirse a cualquiera de los dos progenitores, padre o madre, ni que "materno/a" es el vocablo apropiado para designar lo relativo a la madre. Yo lo que quiero es una progre folclórica que sea capaz de hablar con desparpajo de su pare y su mare y tenga más ocurrencias que una ministra de cuota, porque así nunca me faltará materia prima para estas crónicas.


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El Estado cojuelo2 de mayo de 2011

De las tres patas del Estado, dos pasan la ITV cada cuatro años y, al menos teóricamente, rinden cuentas sobre el camino andado. En general, esas dos patas suelen correr de forma oportunista, dando tumbos y virajes para aprovechar las pendientes del camino, y tirándose coces entre ellas, pero avanzan con razonable diligencia. Porque, si tropiezan o cojean demasiado, al cabo de cuatro años llega la inspección técnica y las cambia por otras. Ese temor al desguace les da alas.

En cambio, la tercera pata, también llamada “órgano judicial”, camina a su ritmo, y como no está sujeta a ningún tipo de revisión periódica ni sustitución, siempre va a remolque de las otras, frenando la marcha y dando traspiés. Es una pata funcionaria, y eso se nota. A vista de pájaro, la tercera pata va dejando un rastro irregular, como de alguien que avanza a desgana. “Para qué correr –parece decir ese rastro-, si ya he llegado a mi destino”. Lo bueno de ese destino, sea de capital o de provincias, es que no pueden echarte de él ni con agua caliente.

Otro problema con esta tercera pata es que siempre lava y zurce las medias en casa y, por más que tropiece, resbale o salpique, sólo rinde cuentas de puertas adentro, de forma que todo en ella es impunidad y despreocupación.

Probablemente esta tercera pata andaría mejor si no fuera tan vitalicia, e incluso si tuviera cierta competencia de una cuarta pata u otro apéndice que le soltara algún puntapié correctivo de vez en cuando. Esto no sé cómo debería hacerse, pero estoy seguro de que si yo fuese Montesquieu y pudiese ver la marcha renqueante de mi invento dos siglos y medio más tarde, algo se me ocurriría.

 

estado cojuelo


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