Crónicas del Absurdistán

Territorio inmenso, porque, como dijo un sabio antiguo, no hay absurdo que no haya sido propugnado por algún filósofo (y abrazado con entusiasmo por algún político).

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Más sobre los padres y los hijos

(P. Mirell)

["Más sobre los padres y los hijos" es el capítulo VII del libro "El hembrismo, sumidero de la desdicha" (1998), de Pablo Mirell, publicado por la Agrupación Granadina de Madres y Padres Separados (Canaletas-Alhambra)]

En nuestro país, el hecho de que los padres (varones) e hijos sufran a consecuencia de las actitudes de las madres antes, durante y después del divorcio es algo que está completamente silenciado, en tanto que el sufrimiento de las madres e hijos por causa de los padres es noticia de primera plana, casi a diario, de la mayor parte de las publicaciones en informativos de radio y televisión…y un machacón, constante, monótono y tenaz tema de conversación en las tertulias, que en radio y televisión, no parecen hablar de otra cosa: cada mañana y tarde, los horarios de mayor audiencia femenina, las distintas emisoras de TV. y radio se plagan de un asombroso número de coloquios y tertulias que pretenden vender feminismo aunque en realidad suelen no vender más que hembrismo, y que acaban por aturdir al telespectador, a fuerza de machaconería. 

Es lógico. Como ya mencioné, en España apenas hay alguna asociación de hombres (sólo conozco una, de padres de familia separados, y tal y como la percibo, tan sólo es un germen de lo que debiera llegar a ser, dado el alcance del problema y la necesidad de su existencia).  En España sólo hay asociaciones de mujeres, que están especialmente interesadas en que salgan a la luz el segundo tipo de noticias y de silenciar el primero. 

En Estados Unidos la cosa ya comienza a cambiar. Hay ya organizaciones de Padres (hombres), que velan por los derechos de los hombres (divorciados o no) y de sus hijos. Las que he conseguido localizar no llegan a ciento veinte, en un país de 260 millones de habitantes, (muchísimas menos de las que hay sólo en Madrid dedicadas a mujeres).  Algo es algo. Lo importante no es el número, sino la calidad de las mismas.  Y lo que es aún más importante es que su actividad empieza a sensibilizar al gran público del problema de los padres y de los hijos.  Empiezan a elaborarse estudios sociológicos con auténtico rigor estadístico sobre el tema. Este capítulo reincide en lo dicho en las páginas anteriores, pero toma como base datos estadísticos y testimonios de personas… en Estados Unidos, dada la carencia de información al respecto en nuestro país. 

El doctor Jerome Shapirio, en su libro “The measure of man” (1993) llega a una conclusión de tremendo alcance: Para los hijos, no es tan dura la muerte del padre como su ausencia por separación. Los hijos varones (entre los que se realizó el estudio) cuyos padres (varones) murieron tienden a adaptarse mejor que aquellos cuyos padres faltan a consecuencia de una decisión como el divorcio. 

“Un factor crítico en ello es que la madre puede tener recuerdos muy positivos de su esposo fallecido, y le hablará de él a sus hijos con frecuencia. Ello ayuda a crear una imagen simbólica positiva del padre que, parcialmente, compensa su ausencia física”. 

El delito materno

Siendo esto así, ¿qué clase de delito impune están cometiendo miles de madres cuando, tras la separación, se dedican a malquistar, a hablar a sus hijos mal sobre su padre, a predisponerles en contra, a hacerles creer que ya no les quiere y que les ha olvidado?… hay miles de desaprensivas así. Están a la vista, en nuestra experiencia diaria y es posible que usted conozca a más de una, aunque tal vez con usted muestre un rostro distinto. 

Por favor, le ruego, lector, que se fije más en ello, y que no tome partido a tontas y a locas, porque su contribución en esto es casi la complicidad de un delito.  No juzgue engañado y sin tener toda la información y, sobre todo, no piense que tales mujeres tienen un rostro de bruja y caras de malas… a usted le brindarán su mejor aspecto de inocencia, su mejor gesto de compunción y todo su falso victimismo, porque buscan la legitimación social de sus barbaridades y cuentan con usted para ello.

¿Y los padres?  En este país nadie les escucha.  Probablemente se limitan a sacar pecho y a tragarse el “marrón” solitos.  Pero les pido que lean los fragmentos de testimonios de otros padres, en EEUU, cuyos sentimientos yo he presenciado en padres españoles que no han encontrado oídos para escucharlos ni medios para poder difundirlos. Y esta carencia no es de las menos dolorosas que han de sufrir los padres, hasta que estas cosas estallen en las manos que tan mal las manejan y se produzca después el consabido parche posterior al desastre. 

Durante un periodo de unos dos años tras mi divorcio, me era extremadamente difícil mantenerme en contacto con mi hijo.  El hecho es que era un bebé… y además, alejado geográficamente… lo que hacía imposible hablar con él por teléfono, de modo que la única manera de saber algo de él o de su bienestar era hablar con mi ex.  Cada vez que lo intentaba… recordaba constantemente todo lo que fue mal en nuestro matrimonio.  Incluso aunque mi motivación al contactar con ella era estrictamente hablar de nuestro hijo… ya que no podía mantener una conversación con él… la conversación se tornaba inevitablemente tan dolorosa que comencé a evitarla por completo, menudeando mis tentativas de llamar. Alternativamente, la única vez que ella me llamó a mí me sentí tan frustrado e iracundo que no fui capaz de hablar con ella. 

Ella aún va diciendo a todos que no tengo ningún interés en relacionarme con mi hijo (ahora tiene cinco años). Aún me hace las conversaciones telefónicas tan desagradables como puede.  Me gustaría saber por qué.  Pero ahora, ya que mi hijo es lo suficientemente mayor como para hablar por teléfono, puedo llamar mucho más y limitarme a preguntar por él, en lugar de tener que hablar con ella sobre él.  Aún es desagradable que se ponga ella, pero puedo llamar con mucha más frecuencia, e imagino que podré hablar más y más con mi hijo a medida que vaya creciendo. Es fundamental para mí.  Si tan solo ella hubiera obviado toda su amargura contra mí y se hubiera limitado a hablarme de la maravilla que es nuestro hijo…  Si hubiera podido llamar y escuchar sólo qué tal estaba el niño, cómo le iba, en lugar de ser acosado acerca de desacuerdos que tuvieron lugar tiempo atrás… si tan sólo hubiera podido hablar con mi bebé… 

Sin embargo, todo el mundo sabe que la única manera de hablar con un bebé es con los ojos. 

¿Con qué derecho se arrogan algunas “madres” el derecho, no ya de privar a un padre de sus hijos, sino el de cometer el crimen de privar a un niño de su padre?  ¿De verdad no conoce ningún caso como éste? ¡ Y luego se habla de violencia!. 

Desde que aquel hombre entró en mi ex hogar, un nuevo mensaje del contestador automático grabado por la madre de mis hijos te suelta, al llamar, algo así: 

“Este es el hogar de Sara, Joseph, Tim y Betty…” 

Estos cuatro nombres (cambiados para preservar el anonimato del testimoniante), son mis dos hijos, su madre y un señor que se mudó allí justo al año de nuestro divorcio.  Cada vez que yo llamaba a mis hijos, tenía que escuchar esta “exhibición” del nuevo estado de cosas, ante lo cual acabé por no dejar mensajes para los niños.  Incontables veces, posteriormente, los mensajes que dejaba para ellos en el contestador automático no les eran transmitidos posteriormente. 

El uso de mis hijos para dañarme a mí era en ocasiones estremecedor, y yo me tenía que limitar a escuchar a mis amigos recordarme que nada puede reemplazar a un padre.  Y es cierto que así es.  Es un lazo único y poderoso, y una gran parte del tipo de acoso que hube de soportar pudo sobrellevarse con la ayuda de miembros de mi familia, que contribuyeron a restarle importancia, o por un asistente social nombrado por el juzgado para asegurar una “mejor comunicación”. 

Desgraciadamente, en España, los asistentes sociales no se dedican a esta labor, ni los jueces les comisionan para ello.  Sólo intervienen en casos muy drásticos, de daños físicos contra los hijos y similares. 

Cuando me marché, tenía grandes planes sobre cómo debía funcionar aquello.  Preveía encontrarme con mis hijos y pasar juntos excelentes momentos, y disfrutar. Lo que sucedió en realidad fue que acabé alejándome cada día más de ellos. 

Incluso con un régimen de visitas amplio, sin fechas fijas ni supervisión, es increíblemente difícil llevarlo a la práctica.  Me siento en casa, pensando en ellos, todos los días y todas las noches.  Hago ademán de descolgar el teléfono, pero acabo por no hacer la llamada. Más o menos una vez por semana, reúno el valor suficiente como para llamar, sólo para encontrar con que mis hijos están a menudo ocupados el día en que pretendo hacer la visita.  Este fin de semana, el mayor había “olvidado” a su padre, así como decirle a su madre que yo le iba a visitar. Cuando llamé para verificar si había surgido algo que me fuera a estropear el plan, descubrí que no había nadie en casa. 

Todos los sentimientos de culpa derivados de haber salido del que fue mi hogar afloran cuando estoy con ellos.  Sudo como si estuviera incubando fiebre, y temo a quién encontraré mientras que intento mantener la normalidad de sus vidas,,  acabo por llorar incontroladamente cuando vuelvo a mi casa después  Les veo crecer ajenos a mi, tanto más cuanto que la gente a su alrededor trata de sustituirme… y se diría que en algunos aspectos lo han conseguido. A veces, me pregunto ¿para qué todo esto?… Yo ya no formo parte de sus vidas…  Mi ex les ha dicho que ya no soy su padre, y que ya no tienen por qué escucharme u obedecerme. La última vez que les visité intentamos construir una cometa juntos, que no pudimos acabar porque mi ex y su novio estuvieron merodeando todo el tiempo, impacientes de que acabáramos para poder marcharse ellos.  Finalmente, sucumbí a la presión. Y eventualmente, mis visitas han quedado limitadas a unas pocas horas en el McDonald’s, porque no pueden venir a mi casa. Y no pueden porque mi ex-mujer les ha convencido de que no están preparados para conocer a mi novia. Pero podría apostillar diciendo que pese a toda mi ansiedad, continúo pagando la pensión de alimentos de mis hijos cada mes. 

En contra del panorama de padres desentendidos y pasotas, descuidados de sus hijos y de su educación que nos quieren metódicamente vender en nuestro país, nadie parece haber encontrado padres como los que describe estos ejemplos.  ¿Casualidad? ¿No existen acaso?  Nada de eso.  Es que esta propaganda no interesa a los privilegios legales y sociales de que disfruta la mujer. Cuando salgan a la luz casos como estos, cuando la sociedad se vaya sensibilizando con ellos, tal vez muchas asociaciones feministas se lleven las manos a la cabeza por haber contribuido a condenar al ostracismo a tantos hombres que se han visto, como en casos similares a los de estos testimonios, separados de sus hijos por la conducta de sus madres… demasiado tarde:  entonces ya habrán perdido la credibilidad que nunca merecieron. 

Cuando nos divorciamos, el torbellino emocional era tan grande que pensé que me iba a morir. Siempre me he considerado un superviviente a prueba de bomba hasta que me separé de mi familia. 

No pude soportar el dolor reiterado de los encuentros con la madre de mis hijos;  literalmente hube de retirarme en una casa de retiro de una comunidad religiosa.  Durante tres semanas no tuve contacto con mis hijos. Y no lo hice por mí, sino para intentar eliminar la rabia que tenía hacia su madre, para poder ser un padre decente para mis hijos. 

Las consecuencias siempre están ahí. Su alcance es mayor o menor, con muchísima más frecuencia de la que se reconoce, dependiendo de la crueldad de la madre a la hora de separar al padre de los hijos.  Unas veces lo consiguen por medios directos, como es el caso anterior, en el que este padre sencillamente se angustiaba y llenaba de ira cada vez que hablaba con su ex-mujer, otras influyendo insensatamente a los hijos en contra del padre, y otras dándoles un grado de permisividad tal que dejan al padre la tarea de corregirlos y de convertirse en “el malo”, frente a la mamá “buena” que, además, boicotea egoístamente cualquier labor del padre que pueda contribuir a la correcta educación de los niños, con lo que los hijos acaban por no querer ver al progenitor que más les disciplina, dado que, por lo mismo, les limita sus caprichos.  Es el caso siguiente. 

Me sentí muy distanciado y muy menospreciado durante muchos años, incluso aunque la madre de mi hija la animaba a verme.  Pero a mí no me gustaba sentirme obligado a apoyar la actitud malcriada de mi hija, y a ella no le gustaba que le dijeran que estaba malcriada, así que, durante unos años de su adolescencia, no la vi con mucha frecuencia.  Lo peor de todo era que el dinero que yo ganaba era utilizado para malcriarla sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. 

Mi ex me pidió que pagara las clases de equitación de mi hija y el alquiler del caballo full time.  Mi problema no era con las clases per-se, sino con la actitud de mi hija, que creía tener derecho a una vida de lujo independientemente de cual fuera su comportamiento. 

Esa actitud continuó hasta tener consecuencias más graves.  Mi hija tiene dos tarjetas de crédito con un pequeño saldo que no cubre, habitualmente sus gastos (ella no trabaja, ya que está estudiando en la universidad).  Creo que los hijos también necesitan educación sobre la forma de emplear responsablemente el dinero, máxime cuando no es el suyo. 

Afortunadamente, mi hija ha madurado algo en los dos últimos años, así que estoy proporcionándole una asignación, pero advirtiéndole de las consecuencias de no emplearla adecuadamente.  Su madre me pide que pague más dinero del necesario para su escolarización sea cual sea el comportamiento de mi hija, con lo que todo mi esfuerzo por concienciarla de la importancia de gastar adecuadamente se va al garete. 

Un ejemplo más de la aportación hembrista al desastre de tantas familias. 

Las consecuencias del delito y de las leyes discriminadoras a favor de la mujer 

Londres (Reuters) - Los niños de padres divorciados sufren problemas a lo largo de toda su vida, tienen peor rendimiento escolar que los retoños de parejas que han permanecido juntas y muestran trastornos de comportamiento, según reportan el pasado Domingo científicos Británicos.  Es una noticia emitida en Internet. 

Martin Richards, del Centro de Investigación Familiar de la Universidad de Cambridge, dice que la edad de los niños en el momento de la separación de sus padres es un factor muy importante.  Los más afectados son los que están entre los 12 y 15 años, así como los que están en edad preescolar (menos de seis años).  Manifestó a la Sociedad Psicológica Británica que el divorcio trae muchos trastornos y alteraciones emocionales a los niños.  Richards y sus colegas han basado su estudio en una muestra de 17000 niños Británicos, Estadounidenses y Neozelandeses nacidos en una semana específica de 1958: 

Apreciaron que los niños de padres divorciados, por lo general, abandonan antes el hogar familiar y crean sus propias familias antes que los hijos de familias “intactas”.

Las chicas de clase media son las más afectadas, según este estudio.  Tenían un 45% de probabilidades de contraer matrimonio antes de los 20 años, mientras que las que proceden de hogares unidos sólo tienen un 15 % de posibilidades.

“Hay algo específico y especial sobre los divorcios”, expresó en una reunión en Warwick.  “La autoestima de los niños tiende a bajar”. 

Richards declaró que la mediación durante el divorcio y la asesoría infantil podría ser de gran ayuda. 

Este no es un estudio aislado. Al contrario, tiene algo en común con otros estudios:  sus conclusiones. 

Desde la Universidad de Stanford, Marty Dart escribe: 

Tal vez si presionamos al Gobierno para que proteja los derechos de los padres además de los de las madres, que ya protege, más niños pueden beneficiarse de la especial relación de DOS padres que cuidan de ellos y están activamente involucrados en sus vidas.  Veamos algunas estadísticas que muestran los efectos de la AUSENCIA del padre, tal y como se reflejan en casi el 22% de los hogares americanos en los que no hay padre. 

63% de los suicidios juveniles proceden de hogares sin padre (fuente:  Oficina del Censo US).

90 % de todos los niños vagabundos y sin hogar proceden de hogares sin padre.

85% de todos los niños que muestran desórdenes de comportamiento proceden de hogares sin padre (fuente:  Centro de control de Salud).

80% de los violadores que actúan a consecuencia de rencor diferido proceden de hogares sin padre (Fuente:  Justicia Criminal y Comportamiento, volumen 14)

71% de todos los fracasos universitarios vienen de hogares sin padre (Fuente: Informe  sobre Universidades de la Asociación nacional de Rectores).

70% de los jóvenes en instituciones estatales proceden de hogares sin padre (Fuente:  Departamento de Justicia, Informe especial de Sept. 1988)

85% de todos los jóvenes que cumplen condena en prisión crecieron en hogares sin padre.  Fuente:  (Texas Dept. de reinserción, 1992).

Estas estadísticas implican que los niños que proceden de hogares sin padre tienen: 

5 veces más probabilidades de suicidarse.

32 veces más probabilidades de escapar de casa.

20 veces más probabilidades de tener trastornos de comportamiento.

14 veces más probabilidades de cometer violaciones (esto en caso de chicos, claro está).

9 veces más probabilidades de abandonar los estudios universitarios.

10 veces más probabilidades de abusar de las drogas.

9 veces más probabilidades de acabar en una institución estatal

20 veces más probabilidades de acabar en prisión. 

La señora Goodmans intenta apoyar las leyes que mejorarían las condiciones de vida de los niños de nuestro país.  Los hechos concluyen que lo que los niños necesitan es un padre en sus vidas, además de la madre.  Tal vez si la energía de esta empresa se dirigiera a educar a los juzgados de familia que conceden la custodia a la madre en más de un 90% de los casos, podríamos ver mejorar los resultados que la señora Goodmans pretende. 

Como padre que ha luchado duramente y desde hace tiempo por la custodia conjunta de sus hijos, encuentro el artículo de la señora Goodmans (que lamento no poder reproducir, así como tampoco sé el periódico en que se publicó) ofensivo y alarmante.  Me siento profundamente herido ante las insinuaciones que artículos de este estilo hacen de mi carácter. He sido agredido en mis derechos legales por los mitos que se propagan de semejante manipulación. Me gustaría que periódicos como el suyo dejaran de ofrecer espacio a periodistas irresponsables que perpetúan estos tipos de burdas distorsiones de la verdad. 

Anecdóticamente, tengo la enorme sensación de conocer el tipo de manipulación a que se refiere el autor de esta carta, y de la que es responsable la tal señora Goodmans. A ella me he venido refiriendo en este libro repetidas veces, y si bien de ser así (que lo creo), yo podría suscribir el contenido de esta carta, en este momento lo que me interesa es destacar lo dramático de las estadísticas con que la documentan, que por lo demás se corresponden bastante con las obtenidas en otros estudios y otras fuentes (salvando, claro está, las distancias de la metodología empleada en cada cual). 

Como el de Judith Wallerstein en 1971, que coincide sustancialmente con las conclusiones antedichas, pese a la distancia en el tiempo.  En general todos coinciden en que el divorcio añade muchas cargas adicionales al niño, que se suman a las que ya tiene por el mero hecho de crecer y desarrollarse, toda vez que su desarrollo y capacidad de relación posterior con los demás son deficientes en su edad adulta.  Aunque pueda parecer muy obvio, de la manera que actúan muchas madres y tal y como ratifican las leyes vigentes, parece que nuestra sociedad se toma este aspecto del desarrollo de nuestros hijos por el “pito de un sereno”. 

Es hora de que nuestra sociedad reaccione contra esta flagrante injusticia, contra los hijos y contra los padres varones, y que castigue severamente las actitudes de aquellas mujeres que la propician, como aquellas que influyen negativamente en la imagen que los hijos tienen de los padres o que obstaculizan el ya magro régimen de visitas a que ambos, padres e hijos, tienen derecho. Y es hora de prever incluso penas de privación de libertad o pérdida, al menos parcial, de la custodia por estas causas.  Y es hora de articular los mecanismos objetivos para detectar y probar estas conductas en lugar de que sean “tu palabra contra la mía”, con la desgracia adicional de que la presunción de credibilidad se decante más a un lado que al otro. 

Volviendo a los efectos de las separaciones, otros datos pueden completar esta información.  Por ejemplo, Barbara  Whitehead, en Atlantic Monthly Vol 271, de Abril de 1993, manifiesta: 

Los niños que están bajo la custodia de un sólo cónyuge están más expuestos a daños físicos y a raptos por parte de sus padres. ¿Y a quién puede extrañarle? 

Y continua: 

Los estudios más clásicos encuentran que el efecto de un divorcio es menor en niñas que en niños.  Los más recientes, por el contrario, demuestran que esto se debía a que los efectos latentes pueden permanecer ocultos durante años y aflorar sólo en la post adolescencia en el caso de las chicas. Según lo cual, las hijas de padres separados tienen: 

53% más probabilidades de casarse en edad adolescente.

111% más probabilidades de tener niños en la adolescencia.

164% más probabilidades de ser madres solteras.

92% más de probabilidades de divorciarse en caso de casarse. 

Otros estudios son más específicos en los efectos puramente psicológicos de los niños que viven estas circunstancias. 

He aquí algunos de dichos efectos asociados a desplazar al padre a la posición de mero visitante en la vida del niño: 

“Basado en nuestra experiencia clínica con niñas en edad de latencia y adolescencia cuyos padres se divorciaron durante los años de Edipo, postulamos que hay patrones comunes que emergen en respuesta a la ausencia del padre, que pueden complicar la consolidación de la identificación positiva femenina en muchas niñas, lo que es observable en los años de la latencia. 

1.   Existe ansiedad causada por la separación.

2.   Existe alternancia entre el reconocimiento y la negación de sentimientos asociados a la pérdida del padre.

3.   Existe una identificación con el objeto perdido

4.   Existe un deseo objetivo de varón.

Un estudio anterior de Kalter y Rembar (Universidad de Michigan) muestran tres problemas concurrentes: 

67% de niñas con problemas psicológicos (definidos como ansiedad, tristeza, melancolía prolongada, fobias y depresión)

56% con notas mediocres, substancialmente por debajo de su talento o su rendimiento anterior.

43% de agresividad hacia los padres. 

En el subgrupo de niñas en edad de latencia, el orden de los resultados era el mismo y sólo los porcentajes variaban en no más de 5 puntos porcentuales por debajo de los expuestos. 

En suma, un 30% de las niñas del presente estudio han experimentado un marcado descenso en su rendimiento académico tras la separación, factor que continuaba siendo evidente tres años después de que esta tuviera lugar. 

Hago aquí un inciso, para destacar la conclusión de este estudio, que comparto: 

El factor preventivo más eficaz es el acceso a ambos padres, asociado a la buena reacción académica apreciada en éstos casos.  Adicionalmente, los datos revelan que los progenitores sin custodia (normalmente los padres) eran muy influyentes en el desarrollo de sus niños.  Estos datos también apoyan la tesis de que cuanto más tiempo pase el niño junto al progenitor que no detenta su custodia, mejor será la readaptación global del niño. 

Del estudio observaciones clínicas sobre las interferencias de la ausencia del padre en edad temprana en la consecución de la feminidad (Lohr, Mendell y Riemer - 1989) 

Otro estudio, de Rynard, publicado en el periódico de la Asociación Científica Americana de Ortopsiquiatría, en 1990 se ratifica en cuanto a los efectos continuados y diferidos de una separación en las niñas. 

En tanto que en su mayoría los adolescentes de hogares recién deshechos resultaron más afectados por el divorcio de sus padres, hay evidencias de que existen efectos a largo plazo procedentes de rupturas anteriores.  Muchachas Adolescentes que han experimentado el divorcio de sus padres cuando tenían menos de seis años o entre seis y nueve años muestran tener problemas de alcohol o drogas en proporciones mayores a las de las chicas procedentes de hogares íntegros.  Además, en aquellas cuya experiencia del divorcio de los padres tuvo lugar antes de los seis años, era mucho mayor la tasa de absentismo familiar que en los casos de niñas procedentes de hogares íntegros o de aquellas cuyos padres se separaron cuando ellas contaban entre seis y nueve años. 

Y un artículo de Octubre de 1990 publicado por la misma revista científica y firmado por Frost y Pakiz añade: 

En muestras estadísticas de mujeres adolescentes y adultas, el divorcio de los padres ha sido asociado con una menor autoestima, mayor precocidad sexual y actividad sexual, mayor comportamiento asimilable al delictivo y mayor dificultad a la hora de establecer relaciones heterosexuales gratificantes y estables en la edad adulta.  Es especialmente destacable apreciar que en estos estudios el divorcio tuvo lugar años antes de observar ninguna anomalía en el comportamiento. 

En el momento de la separación, cuando el padre (normalmente) se ve obligado a dejar el hogar familiar y pierde progresivamente involucración con sus hijos en los años subsiguientes, parece que es cuando las chicas experimentan la pérdida emocional del padre egocéntricamente manifestada como una rechazo de él hacia ellas.  Siendo más común entre edades preescolares y los primeros años de la elemental, hemos observado este fenómeno en los años posteriores de la escuela elemental y en adolescentes jóvenes.  En este caso, la continua falta de involucración se interpreta como un rechazo continuo por parte del padre.  Muchas niñas atribuyen este rechazo a no sentirse suficientemente guapas, cariñosas, atléticas o inteligentes como para complacer al padre e interesarle en mantener contactos frecuentes y regulares. 

Finalmente, aquellas niñas cuyos padres se divorcian pueden crecer sin la experiencia diaria de interactuar con un hombre que es atento, solícito y cariñoso.  El sentimiento continuo de ser evaluada y amada como mujer es un elemento especialmente determinante en el desarrollo de la convicción de que una es, en efecto, una mujer digna de apreciación y amor.  Sin esta fuente constante de alimentación, el sentimiento de una niña de ser valorada como mujer no parece cuajar. 

Aún más:  Rebeca Drill, de la universidad de Harvard, escribe: 

Dado que el divorcio es un proceso, y no un acontecimiento aislado, sus efectos pueden ser acumulativos, por lo que la intervención temprana es por tanto beneficiosa. 

La involucración continua del padre que no ostenta la custodia en la vida del niño resulta crucial a la hora de evitar un intenso sentimiento de pérdida en el niño… La importancia de la relación con el padre que no custodia puede tener también implicaciones para aspectos legales de la custodia y el régimen de visitas.  Los resultados de este estudio indican que los acuerdos en los que ambos padres están igualmente involucrados con el niño son los óptimos.  Cuando este tipo de acuerdos no son posibles, la relación continua del niño con el padre que no custodia continua siendo esencial. 

Otros estudios son coincidentes en estas apreciaciones, particularmente las vinculadas a la pérdida de autoestima del niño en casos de extrañamiento del padre. 

Un monográfico de la doctora Joan Kelly, concluye: 

Las mismas teorías del desarrollo y las relaciones ya deberían habernos alertado a los profesionales de la salud mental sobre el potencial inmediato y las consecuencias de largo alcance que tiene para un niño el hecho de ver a su padre solo cuatro días al mes. Y no obstante, hasta hace poco, no había ningún estímulo específico para considerar acuerdos post-divorcio que contemplaran esta realidad, a pesar de la evidencia creciente de que las relaciones tras el divorcio no eran lo suficientemente satisfactorias o estabilizantes para muchos niños y padres. 

Hay también evidencias de que en nuestros esfuerzos bienintencionados de salvar a los niños de la ansiedad y la confusión durante el periodo inmediatamente posterior a la separación, y mediante las leyes que regulan los conflictos de divorcio, hemos creado la base de síntomas más ominosos aún de ira, depresión y un profundo sentimiento de pérdida al privar al niño de la oportunidad de mantener una relación plena con cada padre. 

Para terminar con este capítulo, transcribo fragmentos de una conferencia que, sobre estos temas, pronunció el Gobernador Wilson, de Georgia, sobre las raíces de la delincuencia y el deterioro social: 

… “Si preguntan a un hombre por qué trabaja, él sacará su cartera y les enseñará las fotos de su familia.  Esta motivación se ha debilitado incluso para aquel 50% de la población que aún conservan intactas sus familias.  Los varones han perdido confianza en que la sociedad les quiera más como cabezas de familia que como proveedores de sus ex-familias. Esto es lo que oyen muchos hombres cuando escuchan al presidente Clinton decir:  “Os encontraremos, y os haremos pagar”. 

A muchos hombres aún les gustaría ser padres, pero nuestra sociedad les está dando escasas seguridades de poder tener familias, de que podrán extender sus cheques para proveer para sus familias en lugar de subsidiar a ex-esposas y pagar otras cosas como jueces y burócratas. 

Un juez tratará un caso de divorcio por la mañana y pondrá a los niños bajo la custodia de la madre. Tratará un caso criminal por la tarde y enviará a un hombre a prisión por robar una tienda de bebidas alcohólicas.  Las probabilidades son del 75 % de que el criminal que acaba de enviar a prisión creciera en un hogar cuya custodia correspondía en exclusiva a una mujer, justo el tipo de hogar que él ha creado por la mañana cuando sentenció el caso de divorcio. Y no alcanzará a ver ninguna relación entre los dos casos, a causa de la diferencia de tiempo entre la causa y los efectos.  Los niños que ha colocado bajo la custodia de la mujer tal vez fueran bebés que no han robado aún una tienda de bebidas o tenido hijos ilegítimos… pero ellos crecerán, y se convertirán en adolescentes, chicos capaces de cometer crímenes de violencia, chicas capaces de tener hijos ilegítimos (…) 

(…)  Lo que contaba era el tremendo aumento de divorcios y de hijos ilegítimos hacia mitad de los sesenta, unido al sesgo anti- varones de los juzgados de familia, que transformaban de un plumazo hogares con un cabeza de familia varón en hogares con una cabeza de familia mujer. Los juzgados que colocaban a los niños en esta situación esperaban poder obligar a los padres a quienes habían exiliado a subsidiar la familia que ellos mismos habían destruido, pagar por criar a sus hijos en hogares dirigidos por mujeres, en los que ellos sufrirían probablemente más abusos, negligencias, y confusión social y sexual. Y además, les encantaría poder culpar a los padres de su propia inepcia a la hora de crear una alternativa a la familia. 

El sistema del bienestar es igualmente responsable de subsidiar (y por tanto de crear) hogares con mujeres como cabeza de familia. Al igual que los juzgados de familia, los burócratas del bienestar quisieran hacer que los padres biológicos pagaran.  Fracasaron en comprender lo que Margaret Mead explicó, que ser padre no es un asunto biológico, sino una creación social.  Si estos padres exclusivamente biológicos tienen que pagar, también deben convertirse (o se les debe permitir continuar siendo) padres reales, en el sentido que habla Mead, hombres con un rol igual al que les ha sido arrebatado a los ex-maridos por el juez que sentenció su divorcio:  necesitan una motivación más válida que el “os encontraremos y os haremos pagar”. 

 Esta última motivación es evidentísimo que no puede hacer padres de verdad. Los padres de verdad requieren ser creados, como dice Mead, por la sociedad. Nuestra sociedad está haciendo lo contrario —destruyendo millones de padres a través de los juzgados de familia y el sistema de bienestar.  (…)  La debilidad biológica del rol de padre no es razón para arrojarlos fuera de la familia, sino para reforzar su rol en ella. 

Puede que no sea políticamente correcto, pero yo comparto una gran mayoría de estas opiniones. Creo que es lo justo para padres e hijos. Lo contrario es mantener una situación de privilegio en las mujeres que no solamente no beneficia a los padres y a los hijos sino que, a la larga, también  las perjudica a ellas. 


"Más sobre los padres y los hijos" es el capítulo VII del libro "El hembrismo, sumidero de la desdicha" (1998), de Pablo Mirell.

© Agrupación Granadina de Madres y Padres Separados (Canaletas-Alhambra)

La versión íntegra del libro en formato electrónico puede consultarse en el sitio web de la Agrupación Granadina de Madres y Padres Separados (CANALETAS-ALHAMBRA)

 

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