Crónicas del Absurdistán

Territorio inmenso, porque, como dijo un sabio antiguo, no hay absurdo que no haya sido propugnado por algún filósofo (y abrazado con entusiasmo por algún político).

>>>Blog de Lucio
aumentar feed 

El viaje astral (1)

Los Malvares, 10 de abril de 2010

Después de este invierno devastador que hemos tenido, los primeros soles y lluvias primaverales han hecho un raro milagro. Por una excepcional coincidencia de circunstancias climatológicas, edáficas y eólicas, la diminuta espora pétrea de Amanita astralis que llevaba años, tal vez decenios, rodando sobre la superficie de la tierra se abrió y echó raíces en el rincón más umbrío de nuestro jardín.

La Amanita astralis es uno de los secretos mejor guardados de la naturaleza, sólo conocido por algunos iniciados. Para todos los demás, diré que no es una simple seta alucinógena como la muscaria y tantas otras, sino la verdadera y única depositaria de las virtudes que permiten realizar el verdadero y único viaje astral. Nada que ver con psicotrópicos y alcaloides que hacen soñar despierto. Con la Amanita astralis se emprende un viaje de verdad, no exento de riesgos, todo ha de decirse. Algunos ha habido que han emprendido un viaje astral sin retorno, y al día siguiente el médico se ha limitado a certificar una inexplicable defunción.

El caso es que mi ciencia antigua me permitió discernir al primer vistazo que lo que brillaba entre aquellas dos matas de salvia no era un hongo corriente, sino la verdadera llave del viaje astral, y mi incurable y legendaria curiosidad hizo el resto. No sería yo Lucio si anduviera con titubeos ante la perspectiva de una experiencia tan singular. Así que, en un santiamén, el único ejemplar de Amanita astralis que probablemente existía en el mundo en ese momento había dejado atrás mis asnales fauces y empezaba a obrar sus poderosos efectos.

Así emprendí mi viaje astral, tan verdadero como si lo hubiera hecho sobre mis cuatro patas. Cualquiera que el pasado 4 de abril haya mirado por encima de la tapia de nuestro huerto, habrá visto un burro dormido, sin sospechar que, en ese momento, el susodicho se hallaba tal vez a cientos de kilómetros de distancia. Sin embargo, el ojo más agudo de un águila habría visto un hilo de luz brillante que se adelgazaba y se perdía en el aire de la tarde. En el otro extremo de ese hilo, invisible para el ojo humano, mientras mi cuerpo dormía plácidamente, mi asnalidad incorpórea flotaba lejos...

Y así fue como, por primera vez en la historia del mundo, un burro estuvo presente en un consejo de ministros como entre colegas, a pesar de su distinta filiación taxonómica. Había un sillón vacío, y sin saber cómo, allí apareció sentado mi espectro invisible. Aunque la ley dice que las deliberaciones del consejo de ministros son secretas, nada prevé para casos como el mío. Tranquilos y tranquilas, excelencias, no voy a entrar en detalles sobre incontinencias verbales o urinarias, como los ex ministros de Franco, que, una vez puestos a salvo, se deshacían en elogios hacia el prodigioso control de esfínteres del Caudillo.

En el momento de mi intempestiva llegada, se debatía la reforma del Código Penal. La Ministra de la Desconstrucción había puesto, como tantas otras veces, el delicado dedo en la infecta llaga.

- Todo el Código Penal es discriminatorio y está formulado desde una perspectiva patriarcal –proclamaba la Ministra. Según sus artículos, los varones parecen tener el monopolio de la maldad y del crimen. El Código Penal invisibiliza a la mujer y su capacidad para delinquir, en modo alguno inferior a la del hombre.

Se examinaba, por ejemplo, la formulación de los delitos de traición. La Ministra leía en voz alta: "El absurdistano que indujere a una potencia extranjera a declarar la guerra… será castigado…", "El absurdistano que sedujere tropa… será castigado…", "El absurdistano que suministrare al enemigo planos de fortaleza… será castigado…", "El que matare al Jefe del Estado…"

-¿Qué pasa –decía la ministra- que las absurdistanas no pueden inducir a potencias extranjeras, seducir tropa, suministrar planos o matar Jefes de Estado? Muchas lo han hecho, sobre todo lo de seducir tropa… ¿Por qué se invisibiliza a la mujer de ese modo y se la considera incapaz de toda actividad delictiva?

El aula ministerial asentía unánime: ellos, circunspectos y compungidos; ellas, con un gesto de que no se sabía si era indignación fingida o esfuerzo por contener la risa. La ministra seguía con otro capítulo: "El quebrado que fuere declarado en insolvencia…", "El que alterare términos o lindes…", "Los que encontrándose una cosa perdida…",

- ¿Acaso la mujer no puede quebrar, alterar términos o lindes o encontrar objetos perdidos? Hay que acabar con esta discriminación del lenguaje penal. Hay que decir alto y claro que la mujer también puede ser mala, redomadamente mala, como cualquier hombre.

- Es lo que yo siempre he pensado, -oí que decía en voz baja un excelentísimo a su compañera de al lado-. Que, puestas a ser malas, las peores. ¿Conoces la historia de la Condesa Sangrienta?

-Algo he oído. Eran otros tiempos…

-Incluso sin ir tan lejos -añadió un poco más osado-, hay muchas encuestas sobre violencia doméstica que, convenientemente aplicadas a ambos sexos…

-Para el carro, Manolo. A ver si ahora nos sales machista… Una cosa es quejarse de la redacción del Código Penal, y otra muy distinta incluir a los hombres en las encuestas.

El aludido se sintió como monaguillo tomado en falta.

-Bueno, es que, si se trata de reivindicar la capacidad para el delito como forma de igualdad… -empezó dubitativo.

-¡La igualdad, valiente monserga! -interrumpió su interlocutora. -Se trata de quejarse, hombre, sólo de quejarse. Del derecho penal o del derecho a mear de pie, que también lo tenemos, qué más da. Es más rentable hablar de miembras y jóvenas que crear polígonos industriales. Te veo un poco verde en política…

-No, si bien mirado, tienes razón –susurró tímidamente el interpelado-. En un país tan machista, no queda otra.

En ese momento, la Ministra de la Desconstrucción leía un modelo de artículado políticamente correcto que acababa de esbozar y ambos prestaron atención. La Ministra proponía, a modo de ejemplo, los textos siguientes:

- "El Juez o la Jueza que, a sabiendas, dictare sentencia injusta contra el reo o la rea… El funcionario público o la funcionaria pública culpable o culpabla de connivencia en la evasión de un preso o una presa"…

Los Ministros, sobre todo los varones, tomaban notas muy aplicadamente. Uno de ellos preguntaba en voz baja:

- ¿Como se escribe "a sabiendas"?

- Todo junto.

- Ya, ya… Pero ¿con be o con uve?

- Con uve, con uve…

Al oírlos, recordé con orgullo mi lema: "Lucius, primus inter pares", traído como guante a la mano en medio de tan ilustre concurrencia.

Lucius, primus inter pares

SECCIONES

TEMAS

PECERA DE IDEAS


********


Página inicial - Mapa del sitio - Contacto: c0rreo - Madrid, 2007-2013

Los contenidos de este sitio web podrán utilizarse o reproducirse libremente
para fines no lucrativos a condición de que se cite su procedencia.

Logotipo | ©Grupo Isegoría