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Dos estudios comparativos15 de mayo de 2012

Aportamos dos nuevos estudios sobre la custodia de los hijos: en el primero de ellos se compara a un grupo de niños en régimen de custodia compartida con otro grupo en régimen de custodia materna; en el segundo, se compara el desempeño de la custodia por un grupo de padres y un grupo de madres. Ambos estudios, y los de entradas anteriores y futuras, se presentan reunidos en una nueva página, tanto en formato html como en formato pdf para facilitar su consulta e impresión.


Custodia compartida y custodia exclusiva materna: estudio comparativo

Shiller, Virginia M. (1986): Joint Versus Maternal Custody for Families With Latency Age Boys: Parent Characteristics and Child Adjustment (American Journal of Orthopsychiatry, Vol. 56, Nº 3, pags. 486–489).

El objetivo de este estudio fue determinar las posibles diferencias en la adaptación psicosocial de un grupo de niños (varones) de 6 a 11 años según se hallasen en régimen de custodia compartida o de custodia materna. Para ello se seleccionó a 20 familias con niños de esa edad en régimen de custodia compartida y otras 20 familias con niños en régimen de custodia materna exclusiva. En la mayoría (75%) de las familias con custodia compartida, los niños pasaban períodos iguales de tiempo con cada progenitor. En las familias con custodia materna exclusiva, los niños veían a su padre, como mínimo, una vez al mes; y en la mitad de los casos, como mínimo, una vez a la semana.

Se aplicaron diversos instrumentos para determinar la prevalencia y gravedad de problemas emocionales en los niños, con participación de madres, padres y profesores, aunque finalmente sólo se utilizaron las declaraciones de las madres y de los profesores. Las madres que tenían custodia compartida declararon niveles significativamente más bajos de problemas emocionales y de comportamiento en sus hijos que las madres que tenían la custodia exclusiva. Asimismo, los profesores declararon mejores niveles de adaptación escolar en los niños en custodia compartida que en los niños en custodia materna exclusiva.


Custodia paterna y custodia materna: estudio comparativo

Clarke-Stewart, K. Alison y Hayward, Craig (1996): Advantages of Father Custody and Contact for the Psychological Well-Being of School-Age Children (Journal of Applied Developmental Psychology, vol. 17, pp. 239-270).

Estudio basado en una muestra de 187 niños en edad escolar, 72 de ellos en régimen de custodia paterna y 115 en régimen de custodia materna, para determinar si los niños están mejor 1) cuando la custodia la ejerce el progenitor de su mismo sexo, 2) cuando tienen más contacto con el progenitor no residente, y 3) cuando las circunstancias en el hogar del progenitor residente son más favorables. Los niños objeto de estudio pertenecían a 160 familias divorciadas de California.

"Si hay una conclusión importante en este estudio, es la demostración de la importancia del padre para el bienestar psicológico de los hijos después del divorcio", dicen los autores (página 260). Según los datos del estudio, nada indica que los niños se desarrollen mejor si progenitor que ejerce la custodia es de su mismo sexo. "Lo que el estudio demuestra, más que la ventaja de una custodia del mismo sexo, es la ventaja de la custodia ejercida por el padre" (página 232).

Según sus conclusiones, una ventaja de la custodia paterna es que los niños que viven con su padre tienen más probabilidades de seguir considerando a su madre como parte de la familia y menos probabilidades de pensar en ella de modo negativo, en comparación con la actitud mostrada hacia su padre por los niños que viven con su madre. Es decir, el progenitor no custodio está más presente en la vida de sus hijos cuando la custodia es ejercida por el padre que cuando es ejercida por la madre.

Tan importante como la convivencia es la relación asidua con el progenitor no custodio: "en lo que respecta al bienestar psicológico, el contacto estrecho con el padre (en el caso de los niños en custodia materna) compensa plenamente las ventajas de vivir con el padre (en el caso de los niños en custodia paterna). Es decir, los regímenes más idóneos para el bienestar del niño son la custodia paterna y la custodia compartida, por delante de la custodia materna.


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El interés superior del niño de la madre10 de mayo de 2012

El artículo 9 de la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por España, dispone que “los Estados Partes respetarán el derecho del niño que esté separado de uno o de ambos padres a mantener relaciones personales y contacto directo con ambos padres de modo regular, salvo si ello es contrario al interés superior del niño.”

En España, los legisladores y los jueces parecen haber entendido que, efectivamente, ese “contacto directo con ambos padres de modo regular” es siempre contrario al interés superior del niño. Sólo así se explica que hayan dado prioridad a un modelo de convivencia exclusiva con la madre, salpicada aquí y allá por algunas “visitas” consentidas al padre. Treinta y un años después de haberse aprobado la Ley de Divorcio (Ley 30/1981), el contacto directo del niño con ambos padres -es decir, la custodia compartida- sigue siendo la excepción en los casos de divorcio.

Esta peculiar forma de administrar el divorcio ha dado tambien lugar a un profundo divorcio social. Por un lado, los estudios científicos y la opinión pública coinciden en considerar que la custodia compartida es el régimen de convivencia familiar más idóneo para el desarrollo de los hijos. Por otro, los tres poderes del Estado, sordos ante el clamor popular y ciegos ante la evidencia científica, han sacrificado durante varios decenios el interés superior del niño al interés no tan superior de la madre.

A continuación se exponen, a modo de ejemplo, las conclusiones de algunos estudios sobre las ventajas de la custodia compartida como fórmula que mejor preserva el interés superior del niño.

Metaanálisis de 33 estudios sobre la custodia de los hijos

Bauserman, Robert (2002): Child Adjustment in Joint-Custody Versus Sole-Custody Arrangements: A Meta-Analytic Review (Journal of Family Psychology, 2002, Vol. 16, No. 1, 91–102)

En este metaanálisis se incluyeron 33 estudios realizados entre 1982 y 1999, con una muestra global de 1.846 niños en régimen de custodia exclusiva y 814 niños en régimen de custodia compartida. Para incorporar a un resultado global los resultados heterogéneos de los distintos estudios se establece el concepto de adaptación (adjustment) en sus diversos tipos: comportamiento, adaptación emocional, autoestima, relaciones familiares, rendimiento académico, etc.

Según sus resultados, los niños en régimen de custodia compartida muestran mayores niveles de adaptación, con arreglo a múltiples tipos de medidas, que los niños en custodia exclusiva (básicamente materna). Es más, en ocho de los estudios incluidos en el metaanálisis se compara la situación de los niños en régimen de custodia compartida con los niños en familias intactas: según sus resultados no se encuentran diferencias sustanciales de adaptación entre ambos grupos.


Examen de 20 estudios sobre la custodia compartida de los hijos

Nielsen, Linda (2011): Shared Parenting After Divorce: A Review of Shared Residential Parenting Research (Journal of Divorce & Remarriage, Volume 52, Issue 8, 2011, pp.586-609)

En este trabajo se incluyen únicamente los estudios que definen la custodia compartida como régimen de convivencia en el que los niños pasan, como mínimo, el 35% de su tiempo con cada uno de sus progenitores. En total se examinan 20 estudios llevados a cabo a lo largo de los últimos 30 años.

En cuanto a la relación de los hijos con su padre, el examen de esos 20 estudios permite a la autora sacar las cuatro conclusiones siguientes:

  1. Los hijos de padres divorciados obtienen un beneficio máximo cuando su padre participa activamente en sus vidas mediante múltiples actividades diarias que le permiten ejercer una función de autoridad en lugar de limitarse a una función de permisividad.

  2. Cuando los hijos viven sólo con la madre, la mayoría de los padres pasan muy poco tiempo de calidad y autoridad con los niños.

  3. Cuando los niños viven sólo con la madre, la relación de los hijos con su padre tiende a debilitarse o deteriorarse, y esa pérdida de la imagen paterna tiene efectos negativos a lo largo del desarrollo de los niños y en su vida adulta.

  4. La solidez y la calidad de la relación de los hijos con su padre depende de la cantidad de tiempo que padre e hijos pasen juntos en los años inmediatamente posteriores al divorcio.

Asimismo, el examen de los 20 estudios permite sacar otras cuatro conclusiones generales respecto del bienestar de los niños:

  1. La mayoría de los niños en régimen de custodia compartida tienen un nivel de bienestar tan bueno o mejor que el de los niños que viven sólo con su madre.

  2. La custodia compartida es beneficiosa para los hijos con independencia de que los padres sean o no excepcionalmente cooperadores, de que haya o no conflictos entre ellos o de que el interés por compartir la convivencia con sus hijos sea recíproco.

  3. Los jóvenes adultos que han vivido en régimen de custodia compartida dicen que esa solución fue la mejor para ellos, en contraste con los que vivieron sólo con sus madres tras el divorcio.

  4. En la mayoría de los países industrializados, las leyes, la opinión pública y las decisiones de padres y madres son cada vez más favorables a la custodia compartida.


Estudio sobre alumnos universitarios hijos de divorciados

Fabricius, W.V. y Luecken, L.J. (2007): Postdivorce Living Arrangements, Parent Conflict, and Long-Term Physical Health Correlates for Children of Divorce (Journal of Family Psychology, 2007, Vol. 21, No. 2, 195–205).

Estudio basado en una muestra inicial de 1.154 alumnos de psicología de una universidad pública de los Estados Unidos, de los que 216 eran menores de 16 años cuando sus padres se divorciaron. Estos 216 alumnos constituyeron la muestra final para el estudio.

Una de las conclusiones del estudio fue que, cuanto más tiempo pasaban los hijos con su padre tras el divorcio, mejor era la relación a largo plazo entre padre e hijos. Esta conclusión era válida tanto para los casos de alta conflictividad entre los padres como para los casos en los que el nivel de conflictividad era bajo.

Otra conclusión fue que, a medida que se incrementaba el tiempo de convivencia con el padre hasta alcanzar una situación de custodia compartida, el nivel de conflicto interparental se reducía. O dicho de otro modo, la custodia exclusiva favorecía mayores niveles de conflictividad entre los padres, mientras que la custodia compartida reducía esos niveles de conflictividad.

Aparte del grado de bienestar y adaptación general de los niños, en el estudio se prestó atención a los problemas de salud, con arreglo a una escala de 12 síntomas (dolores de cabeza, mareos, dolores en el pecho o la espalda, náuseas, obesidad, etc.) válidos como indicadores del estado de salud general y de riesgos de salud futuros y mortalidad temprana. Según las conclusiones del estudio, una fuente de riesgos para la salud es la inseguridad y los trastornos emocionales resultantes de experiencias de alta conflictividad entre ambos padres y falta de tiempo de convivencia con el padre.


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Hablan 200.000 niños30 de abril de 2012

En el Boletín Oficial de las Cortes Generales del 20 de abril de 2012 puede consultarse la proposición del Grupo Parlamentario Unión Progreso y Democracia relativa a las modificaciones legales necesarias para el establecimiento a nivel nacional de la custodia compartida de los menores como modelo preferente en los procedimientos de separación y divorcio.

Además de romper un tabú, UPyD pone el dedo en la llaga al denunciar el falso régimen de custodia compartida introducido en 2005 (en realidad, más restrictivo que el vigente hasta entonces) y el terreno minado que representa la legislación sobre violencia de género, ya que “una denuncia por violencia o agresión sexual contra el otro cónyuge conlleva automáticamente la exclusión de la guarda o custodia conjunta, aunque finalmente tal denuncia se archive por no existir prueba o indicios de criminalidad alguna”, según se afirma en la proposición.

“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, dijo Einstein. Esta proposición de UPyD es un experimento sin precedentes: por primera vez, un partido político trata de desintegrar uno de los prejuicios más inalterables de nuestra masa parlamentaria. Da igual que las ventajas de la custodia compartida estén avaladas por la práctica totalidad de los estudios realizados sobre el tema, o que sean claramente visibles en las jurisdicciones que aplican ese régimen de convivencia. Cuando los parlamentarios se aferran a un convencionalismo, no lo sueltan fácilmente.

Los políticos son gente de lengua ágil, pero de mente perezosa, apegada a las certezas preestablecidas y los mensajes redundantes. Para ayudarles a abandonar su rodera mental, les invitamos a consultar el siguiente estudio, basado en los datos obtenidos por la Organización Mundial de la Salud ¡en 36 países y a partir de una muestra global de casi 200.000 niños!

Bienestar de los niños en diferentes estructuras familiares: estudio comparativo de 36 países

Bjarnason, T.; Bendtsen, P.; Arnarsson, A.M. ; Borup, I.; Iannotti, R.J.; Löfstedt, P.; Haapasalo, I.; Niclasen, B. (2012): Life Satisfaction Among Children in Different Family Structures: A Comparative Study of 36 Western Societies (Children & Society, Vol. 26, Nº 1, páginas 51–62, enero de 2012).

Los datos utilizados en este trabajo proceden del estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) 2005-2006, llevado a cabo por la Organización Mundial de la Salud en colaboración con múltiples países. En él se examinan las diferencias en el bienestar de los niños en distintas estructuras familiares. La muestra total estuvo integrada por 184.496 alumnos de 11, 13 y 15 años de edad de 36 países occidentales industralizados (Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Canadá, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Israel, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Macedonia, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumanía, Rusia, Suecia, Suiza, Turquía y Ucrania).

Se clasificó a los encuestados de acuerdo con el tipo de familia en el que vivían, es decir, familias intactas si los niños vivían con ambos progenitores; familias monoparentales si vivían sólo con la madre o el padre (con o sin padrastro o madrastra); y en régimen de custodia compartida física si vivían la mitad del tiempo con su madre en un hogar y la otra mitad con su padre en otro hogar.

Los resultados de este amplio estudio confirmaron las conclusiones de investigaciones previas llevadas a cabo en este terreno. El nivel de satisfacción vital es superior en los hijos de familias intactas: los niños que vivían con ambos padres biológicos declararon mayores niveles de satisfacción vital que los niños que vivían en un hogar monoparental. En cuanto a los demás posibles esquemas familiares, los niños en régimen de custodia compartida física declararon niveles de satisfacción vital significativamente más altos que los niños que vivían en cualquier otro régimen de convivencia.


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La inmensa minoría20 de abril de 2012

Según una encuesta realizada en 2010 por el Instituto DYM, y según otra encuesta llevada a cabo por el grupo Gallup en 2005, la inmensa mayoría de la sociedad española está a favor de la custodia compartida. A decir verdad, sólo un 4,7% considera que, en caso de desacuerdo de los padres, la custodia compartida no es viable.

La legislación vigente representa el sentir de ese 4,7% de españoles. Con permiso de Juan Ramón Jiménez, los llamaremos la inmensa minoría, porque, siendo tan pocos, pesan en la balanza del Gobierno más que todos los demás juntos.

En estas fotos comparativas preparadas por la Asociación Custodia Compartida Alicante (también en el blog Mis rizos o en esta imagen), podemos ver de modo más gráfico la representatividad de ambas posturas. El gran misterio que la Física aún no ha explicado es por qué la inmensa minoría, teniendo un peso social tan liviano, ejerce un peso político tan aplastante.

Los planteamientos básicos de ambos colectivos podrían resumirse así:

  1. La inmensa mayoría cree que la relación entre padres e hijos es un derecho humano básico e inalienable, antes y después del divorcio; en cambio, la inmensa minoría considera que la única depositaria de ese derecho es la madre.

  2. La inmensa mayoría cree que el padre está tan capacitado como la madre para hacerse cargo de sus hijos; por el contrario, la inmensa minoría sostiene que sólo la madre puede cumplir esa función.

Los sucesivos gobiernos de España se han alineado siempre con la inmensa minoría, y el actual Gobierno también parece tener la misma inclinación. Por si acaso algún ministro aprensivo nos está leyendo y necesita argumentos para el próximo Consejo, le diremos, respecto del primero de los dos planteamientos anteriores, que el derecho a las relaciones entre padres e hijos es una verdad evidente por sí misma, como el derecho a la vida o la libertad, y no necesita ser demostrada; y respecto del segundo, le recomendamos que lea el estudio que se resume a continuación.

 

Un estudio del Instituto de Investigaciones Sociales de Dinamarca

Christoffersen, M.N (1998): Growing Up With Dad: A Comparision of Children Aged 3-5 Years Old Living with their Mothers or their Fathers (Childhood, 1998, vol. 5, nº 1, pp. 41-54)

En este estudio se comparó un grupo de hogares monoparentales encabezado por el padre con otro grupo de hogares monoparentales encabezado por la madre. En concreto, se entrevistó a 478 padres y 532 madres que convivían en hogares monoparentales con hijos de edades comprendidas entre 3 y 5 años.

A esos padres y madres se les hicieron diversas preguntas para evaluar la situación física y emocional propia y de los niños. En general, las respuestas permitieron constatar niveles más altos de bienestar y adaptación general en los hogares paternos. El nivel de problemas personales era más bajo en los padres que en las madres; el grado de bienestar de los hijos era mayor con los padres que con las madres; y las reacciones del entorno social eran más positivas hacia la paternidad que hacia la maternidad en solitario. En cifras, estos fueron los principales resultados declarados por los padres y las madres:

Problemas personales:

  • falta de autoestima: 9% de los padres; 17% de las madres

  • problemas psíquicos que han requerido atención médica, psiquiátrica u hospitalaria: 40% de los padres; 52% de las madres

  • síntomas de estrés psicosomático: 37% de los padres; 54% de las madres

Bienestar de los hijos:

  • castigos físicos (golpes con los nudillos, azotes, bofetadas o tirones de orejas, al menos en una ocasión): 61% de los padres; 73% de las madres

  • castigos semanales (castigo físico, reclusión en su habitación o zarandeo, una o varias veces por semana): 17% de los padres; 24% de las madres

  • accesos de rabia frecuentes: 24% de los padres; 34% de las madres

Reacciones del entorno (personas encontradas por primera vez):

  • reacciones negativas del entorno: 8% de los padres; 20% de las madres

  • reacciones positivas del entorno: 71% de los padres; 33% de las madres

También se constató que los padres (varones) favorecían más el contacto del niño con el otro progenitor (58% de los padres; 38% de las madres).

Asimismo, los casos de distribución equitativa del tiempo de conviviencia (14 a 16 noches al mes) eran notablemente más frecuentes para los niños de hogares primarios paternos (16% frente a 4%).

Otra conclusión de gran importancia es que los hogares paternos, aparte de favorecer más la convivencia del niño con el otro progenitor, propiciaban una mejor calidad de las relaciones: las madres tenían una relación mucho mejor con los niños cuando éstos vivían con el padre que en el caso contrario, según indican los siguientes porcentajes:

  • el 14% de los niños que vivían con la madre habían perdido todo contacto con el padre;

  • esa cifra se reducía al 6% en el caso de los niños que vivían con el padre.

La conclusión del estudio es que los niños tienen mayores niveles de bienestar cuando viven con un progenitor masculino que ha tratado activamente de responsabilizarse de ellos.


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De logos y náufragos11 de abril de 2012

El nuevo logotipo que voilà, apenas una ceja y una comisura, nos sugiere algunas reflexiones de mucha sustancia. A decir verdad, hasta es posible que ese logo guste a las feministas, que lo entenderán a su manera, es decir, como la rebeldía del sexo femenino contra la opresión masculina o algo así.

Como siempre, el error de perspectiva del feminismo consiste en atribuir a las maquinaciones de esa entelequia llamada patriarcado lo que, en realidad, es obra de la naturaleza. Lo que el feminismo llama opresión patriarcal son las formas de organización de la supervivencia humana durante milenios.

Hasta la saciedad hemos explicado en este blog cómo las diferencias entre hombres y mujeres son fruto de adaptaciones evolutivas desarrolladas a lo largo de cientos de miles de años, y preexistentes a las supuestas imposiciones culturales de un patriarcado imaginario.

Fue la naturaleza la que diseñó la armonía de los opuestos -es decir, de los principios masculino y femenino- representada en el concepto taoísta del yin y el yang.

El feminismo propugna la dislocación de ese equilibrio, la negación de esos principios, la reducción de la complementariedad de los sexos a una mera construcción cultural, urdida alevosamente por la mitad mala de la especie para sojuzgar a la otra mitad.

Convencer a la sociedad de esa perversidad histórica del varón ha sido fácil: ha bastado con presentar algunos ejemplos de aparentes ventajas masculinas, sacados de su contexto histórico o simplemente inventados, y ocultar las contrapartidas y obligaciones que formaban parte del equilibrio ancestral.

Por suerte, en estas fechas tenemos muy a mano un buen ejemplo de cumplimiento de esos deberes atávicos: el hundimiento del Titanic, del que mañana se cumplirá el primer centenario. En la noche del 12 de abril de 1912, los hombres (el sexo biológicamente barato) cedieron a las mujeres (el sexo biológicamente caro) los botes salvavidas que podrían haber retenido para ellos valiéndose de su mayor fortaleza física. Como resultado de ese comportamiento, se salvaron el 74% de las mujeres y el 20% de los hombres embarcados (véanse los datos del informe oficial británico).

Al obrar así, los hombres se limitaron a hacer, una vez más, lo que habían venido haciendo desde la noche de los tiempos en las situaciones de peligro extremo, es decir, aplicar el principio de “las mujeres y los niños, primero”. No porque ellos sean mejores ni peores que ellas, sino porque la naturaleza consideró indispensables ciertos comportamientos para la supervivencia de la especie y, aunque el entorno físico se haya industrializado y modernizado, el mandato genético ancestral sigue vigente (o por lo menos seguía vigente en 1912).

Hay mil razones antropológicas, económicas o fisiológicas, todas ellas naturales y positivas, para explicar el reparto de funciones tradicionalmente desempeñadas por cada sexo. Pero el feminismo, de hondas raíces lésbicas y marxistas, ha optado por la explicación negativa de inculpación del varón, la lucha de clases a nivel doméstico y la ruptura de esa armonía de los contrarios que se complementan.

Sin embargo, el camino recorrido por la mujer moderna habría sido el mismo sin esa carga innecesaria de rencores. La lucha por la llamada emancipación femenina, si la ha habido, se ha librado contra la inercia generacional, no contra el obstruccionismo masculino. En general, los hombres, obedientes a su mandato genético, se han limitado a ceder caballerosamente el paso… y el bote salvavidas.

Si en el próximo Titanic hay pelea por los botes, será señal de que las feministas se han salido con la suya y han logrado quebrar el equilibrio ancestral del yin y el yang. Eso sí, se quedarán sin bote salvavidas.


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Custodia compartida en Suecia5 de abril de 2012

El pasado mes de marzo se publicó un estudio sobre las ventajas de la custodia compartida en Suecia. Según datos estadísticos oficiales de 2009, citados en el propio estudio, el 30 por ciento de los hijos de padres separados o divorciados de Suecia comparten su residencia con ambos progenitores. Dicen los autores:

“En las familias que se han dividido, el 30 por ciento, aproximadamente, de todos los adolescentes comparten su residencia con ambos progenitores. El incremento de la custodia compartida física ha sido impresionante en Suecia; hace 20 años, sólo un pequeño porcentaje de adolescentes vivía en régimen de custodia compartida física. Ese régimen de residencia se ha considerado beneficioso porque permite a los adolescentes el acceso regular a ambos padres, que siguen compartiendo las responsabilidades de la crianza de sus hijos”.

El estudio se basó en una muestra de 3699 adolescentes de 15 años de edad. De ellos, el 61% (n=2256) vivían en familias intactas y el 29% restante (n=1071) en familias separadas. En el estudio se examinaron tres conductas de riesgo (tabaquismo, consumo de alcohol y actividad sexual) y una variable de problemas de comportamiento. En general, los adolescentes menos expuestos eran los que vivían en familias intactas. Pero, en el caso de los hijos de padres separados, los adolescentes menos expuestos eran, para las cuatro variables examinadas, los que vivían en régimen de custodia compartida.

En concreto, la prevalencia del tabaquismo, la embriaguez, las relaciones sexuales precoces y los problemas de conducta, por ese orden, era de 13,5%, 34,5%, 25,5% y 16,2% en los adolescentes de familias intactas; de 19,8%, 46,2%, 30,0% y 17,4% en los adolescentes en régimen de custodia compartida; y de 24,2%, 51,3%, 40,9% y 22,9% en los adolescentes en régimen de custodia exclusiva o monoparental. Gráficamente, esos porcentajes podrían representarse así:

Custodia compartida en Suecia

Es decir, la custodia compartida constituye, en todos los casos, un factor de protección superior a la custodia exclusiva, que, a tenor de la experiencia sueca, es el régimen de convivencia menos favorable para los hijos.

Nuestros políticos, que no pierden ocasión de elogiar el modelo social sueco, deberían interesarse por este tipo de estudios. Por si acaso, les dejamos la referencia bibliográfica:   

Carlsund A, Eriksson U, Löfstedt P, Sellström E.: Risk behaviour in Swedish adolescents: is shared physical custody after divorce a risk or a protective factor? (European Journal of Public Health, marzo de 2012, doi: 10.1093/eurpub/cks011).


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Brecha salarial... y postsalarial26 de marzo de 2012

Como todos los años, durante la primera quincena de marzo han menudeado los llamamientos a cerrar por vía legal la brecha salarial entre hombres y mujeres, sobre todo en la cúspide de la pirámide empresarial.

Pero, más allá de la paridad por decreto y cuota, lo difícil será garantizar que el equilibrio económico sustanciado en la nómina a principios de mes se mantenga a lo largo de los 30 días siguientes en el hogar. Al contrario, los datos estadísticos parecen alejarnos cada vez más de la utopía igualitaria en el ámbito doméstico.

Según una encuesta del Pew Research Center, aplicada a 1.260 personas casadas o emparejadas para determinar quién tomaba las decisiones económicas en el hogar, la mujer tomaba más decisiones que el hombre en el 43% de las parejas; el hombre tomaba más decisiones que la mujer en el 26% de las parejas; y las decisiones eran compartidas en el 31% restante.

Dicho sin medias tintas, las mujeres mandan más en casa. Por si fuera poco, esa mayor propensión al mando se refuerza considerablemente cuando ellas ganan más. Según la encuesta mencionada, en las parejas en las que el hombre gana más, las mujeres toman las decisiones en mayor porcentaje que los hombres (42% frente a 30%), pero en las parejas en las que la mujer tiene más ingresos, el reparto de decisiones está mucho más desequilibrado: las mujeres deciden en el 46% de los casos, y los hombres en el 19%. Representados gráficamente, esos resultados tendrían este desalentador aspecto:

ingresos y decisiones

Es decir, cuanto más se cierra la brecha salarial por un lado, más se abre la brecha postsalarial por el otro. Decididamente, la igualdad es un ideal que no se deja atrapar fácilmente.


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El sueño de la razón22 de marzo de 2012

Goya lo escribió al pie de su dibujo: “El sueño de la razón produce monstruos”. Y aclaró la idea en un manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional: “La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles”. Los cien últimos años de arte y attrezzo urbano le han dado plenamente la razón, pero la época actual se retrata mejor en esta variante de la frase: “La ideología abandonada de la razón produce monstruos imposibles”.

goyaMientras la razón duerme su profundo sueño, la ideología no deja de producir monstruosidades. Esto fue lo que me vino a la cabeza cuando, navegando sin rumbo, vine a parar a la web del programa “Documentos TV” y, para mi sorpresa, me encontré, entre la selección de hitos históricos del veterano programa, el reportaje “O mía o de nadie”, emitido en 1999. Un reportaje ideológico donde los hombres son seres sustancialmente malos y las mujeres víctimas indefensas de esa maldad. Hasta ahí, lo habitual. Pero el reportaje arranca con un dato escalofriante, que recita una voz fuera de plano y, por si alguien no lo ha oído bien, se transcribe simultáneamente en la línea de subtítulos. Ese dato escalofriante, del que la prensa coetánea se hizo amplio eco sin asomo de duda ni rubor, es el siguiente: : “Más de 60 millones de mujeres y niñas murieron en el mundo durante 1997 a causa de la violencia del hombre”.

Tremendo. Sobre todo si nos paramos a considerar que, en 1997, murieron en el mundo unos 54 millones de personas en total (56 millones en 2010), y de ellas ¡60 millones eran mujeres y niñas maltatadas por el hombre! En su día, el reportaje recibió parabienes y galardones, y hoy se expone como joya en vitrina. De nada sirvieron las cartas remitidas a la prensa y al propio programa advirtiendo del descomunal error. La razón colectiva dormía profundamente y, por lo que se ve, sigue sin despertar.

Por poner otro ejemplo, recordemos que las máximas autoridades europeas y, en su estela, las nacionales y municipales, con todo el cortejo mediático haciendo eco, repetían incansables por entonces: “la violencia doméstica causa más defunciones y casos de invalidez entre las mujeres de 15 a 44 años que el cáncer, el paludismo, los accidentes de tráfico y la guerra juntos.” Cualquier debutante en el periodismo puede comprobar con apenas algunos clics que, sólo el cáncer, causa 40 veces más muertes de mujeres que la violencia doméstica en ese tramo de edad. Salvo si su razón está sumida en la gran modorra ideológica.

Podríamos multiplicar los ejemplos. Carlos Marx, padre fundador de una ideología de ramificaciones infinitas que han llegado a todos los resquicios de nuestro entramado social, incluido el de género, no tenía razón, o no la tenía toda, al afirmar que “la religión es el opio del pueblo”. El axioma se ha quedado anticuado: ¡la ideología es el opio del pueblo!


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